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HISTORIAS,  NARRATIVA...

EL  POTRERO 


El Potrero....

La verdad, nadie puede pretender conocer a fondo lugar alguno, incluso el lugar en donde vive y menos aún en estos tiempos, en donde ocurre un constante e incesante trajín humano, siglos atrás podía una persona nacer y morirse tranquilamente sin haberse movido en su vida de su pueblo natal, hoy en día ya resulta a veces difícil saber que nacionalidades tienen las personas con quienes nos topamos en las calles, felizmente en Latinoamérica este fenómeno no es aún tan notorio, en otras partes ya ni los nacionales saben quienes son exactamente sus compatriotas.
Imposible resulta entonces pretender para cualquiera que llegué a algún lugar en el mundo saber que había antes en el sitio o lo que en el habría ocurrido tiempo atrás, y mi país Chile no es la excepción en esto. La expansión de la principal ciudad, Santiago, es una prueba viviente de cómo cada día la ciudad va devorando al campo, de cómo cada día las luces y el cemento avanzan en las cada vez menores tierras de labranza. A su vez y en paralelo, van desapareciendo también los llamados “sitios eriazos”, “baldíos”, “pajonales” etc, distintos nombres para describir un lugar al que aún el cemento no lo a cubierto, sin embargo estas pequeñas manchas de tierra, se encuentran en general rodeados por la ciudad que pareciera que en cualquier momento los comerá como también por regla general termina ocurriendo, se encuentran por tanto rodeadas de la maldad de las ciudades y poco a poco, con el paso inexorable de los años se les va impregnando. Así , si bien de día muchos niños, juegan elevando (cada vez menos la verdad) sus volantines y cometas, con sus trompos u otros juguetes, no es menos cierto que varios de estos niños con los años, sufrirán heridas de menor y mayor gravedad, hasta pérdida de falanges se han dado, con el “hilo curado”, o el hilo que se prepara con pegamento y vidrio molido, quedando tan afilado como cuchillo y así el que eleva con este hilo puede “competir”, cortando el de los demás, es lo que se conoce como “echar comisiones”, sin ir más lejos, se abolió su uso cuando pasaron un par de decapitaciones de motoristas que pasaron a gran velocidad justo cuando producto de los caprichos de los vientos o por haber sido “cortado” un volantín o cometa cayo en la carretera, cercenado el cuello del motorista...., así con los años uno puede perder la cuenta de los “accidentes” que se han producido tanto adentro de los sitios eriazos , como en sus proximidades, aún así, debe hacerse notar que los “accidentes” ocurren de día...., de noche solo ocurren muertes.
Las violaciones, asaltos, drogadicción y alcoholismo, prostitución, muertes...,todos estas cosas o causas de muerte si se quiere se dan en los sitios eriazos, pero casi nadie se percata que todos ellos ocurren en “sitios determinados” de los sitios eriazos, y lo que prácticamente con el tiempo ya nadie recuerda es que en estos lugares específicos han muerto de forma violenta una o varias personas, no creo en “fantasmas” ,pero más de un habitante en casas cercanas a estos sitios puede contar varias historias de “aparecidos” ligados a estos lugares, yo mismo sin ir más lejos a continuación relataré aquí un par de casos.
Yo llegué a vivir hace seis años al que hasta el día de hoy considero “mi barrio”, en esos años aún se consideraba seguro que los niños jugaran hasta tarde en verano, y por ello fueron también muchas las noches en que me quede junto a mis amigos escuchando las historias de sus abuelas, de precisamente aparecidos, resucitados y sortilegios eran la tónica de sus narraciones y encima esas cosas ocurrían en el sitio eriazo cercano a nuestras casas, así lo que nosotros llamábamos “el potrero”o “las canchas”, en esos años, nos producía un prudente temor, además con los murciélagos que veíamos salir de noche de ahí, sus diversos olores, pandillas de perros vagos, basuras por todas partes, aguas pantanosas, y por si fuera poco las abuelas de mis amigos te contaban de raptos o a los que se les ocurría nadar en la “poza” de aguas negras y estancadas, nunca más aparecían luego de hundirse rápidamente, como si algo o alguien los jalara hasta el fondo, así, con todo esto a mis seis años, bastaba para mi y mis amigos para mantenernos alejados del “potrero”.
Con el paso de los años, al menos de día, ya no me pereció tan tenebroso, ahí de más grande elevamos nuestras primeras cometas y volantines, de adolescentes empinamos nuestras primeras cervezas, fumamos nuestros primeros cigarrillos y porros, tal cuál sigue ocurriendo en los pocos sitios eriazos que van quedando, solo quizás la única diferencia es que antes la marihuana era siempre verde y ahora es café.
Y debo agregar que si bien más de una noche nos metimos algo ebrios o fumados en la niebla que ahí se formaba a jugar a aparecer y desaparecer, o junto a algunas amistades poco recomendables hacer un fueguito y pasar la noche bebiendo, aún le temíamos, quizás ya no a los fantasmas sino que a los asaltantes o pandilleros..., aunque en aquellos años uno conocía tanto a lo que llamaríamos “gente buena” como a la “gente mala” y nunca nos paso nada, pero en este relato debo decir que yo vi personalmente un cadáver en el “potrero” y es parte importante de el.
Aún recuerdo a pesar de los años transcurridos que fue un Domingo de mercado en que lo vi, en aquellos años para lograr acceder al mercado libre que se instalaba los Domingos a cuadras de mi casa, había que atravesar el “potrero”. Recuerdo también que fueron las luces de los carros policiales lo que primero llamaron mi atención aquella mañana, iba precisamente al mercado a buscar fruta así que debía de pasar igualmente por ahí, pero en aquellos años había aún dictadura en mi país y los policías no eran vistos como “amigos” de la gente precisamente, pero al poco acercarme vi tal cantidad de señoras con sus carros de feria, empinándose para poder ver mejor que me acerque sin ya ningún cuidado y entre codazos y empujones logré acercarme lo suficiente para ver en el suelo y totalmente desnudo a un hombre gordo de unos cuarenta años, se veía amoratado y un leve tufillo a descompuesto se mezclaba en el aire de aquella mañana proveniente del muerto que tenía enfrente, antes que un policía se me acercara para correrme de ahí con insultos, logré ver su mirada perdida en lo infinito y desconocido, sus ojos casi se salían de sus órbitas y el rictus con que quedo para siempre su cara reflejaba un intenso y total horror..., con los días se supo que el cadáver había aparecido en esa mañana tal como lo había visto, como si días después de darle muerte, quien lo hiciera, hubiera elegido la mañana de ese Domingo para ir a botarlo como cualquier otra basura más del “potrero”, salvo que estaba semi-enterrado en unos hoyos que por ese tiempo habían en el sector donde había aparecido a un costado de las “canchas” de tierra, la policía interrogó a varios viejos que llegaban ahí a ver los partidos de fútbol amateur, eran de esos viejos que salían con sus radios plásticas, pequeñas y a pilas para todos lados, su conexión al mundo como ahora lo es internet, ahí escuchaban partidos para jugar su “polla gol” de cada semana, también las carreras de caballos y cuando se ponían melancólicos por el alcohol, también escuchaban boleros y tangos, eran simpáticos después de todo y capaces a pesar de las tantas botellas de tinto y blanco o cerveza que pudieran beberse los Domingos de partido de darte un buen consejo si se los pedías...., ninguno de ellos reconoció al difunto, además como había aparecido desnudo como gusano, ninguna cartera con algún papel o cédula de identidad fue encontrada que pudieran aportar algo para su identificación, tampoco el cadáver presentaba alguna seña distintiva como un tatuaje o cicatriz, solo su cara de espanto podía hacer pensar que había sufrido un ataque de alguna especie, que por lo demás fue como se caratulo la muerte del gordo a falta de una mejor explicación, es decir que el hombre habría sido asaltado a juzgar por el estado del cuerpo unos cuatro a cinco días antes del Domingo que fuera encontrado y de ese asalto le había sobrevenido un paro..., y nada más se agregó, quedando para siempre impune su muerte y sin aclarar.
Serían sino recuerdo mal unos 3 a 4 meses los transcurridos luego del hallazgo del cuerpo del gordo que los viejos “chichas” como les decíamos (y se les dice aún) a los viejos que llegaban a beber y ver fútbol que antes mencionara y que se juntaban casi en el mismo lugar en donde fue encontrado el cuerpo, comenzaron a alejarse de aquel lugar, para finalmente no volver más a sentarse ahí, obviamente no se fueron de las “canchas” más que mal era una de sus pocas entretenciones y de día todo se veía como siempre, pero todos ellos comenzaron a decir que “por el rincón del gordo finado ese” ,”hacía más frío” que en cualquier otro lugar del “potrero” y que además sentían un “insoportable olor a descompuesto”, si bien no era aquello ninguna novedad, ya que olores a descomposición ahí sobraban, animales en diversos estados de putrefacción eran habituales de observar, si no pasaba la basura, podían ( y así ocurría) que cuerpos de perros y gatos permanecieran ahí hasta que solo fueran esqueletos, y que por otro lado la humedad en esas tierras durara meses después de las lluvias..., lo único cierto fue que los “viejos chichas” ya ni en verano se vieron en el lugar donde tantas veces se reunieran antes y por ello sus programas de radio nunca más se escucharon ahí, ni sus botellas vacías tampoco se volvieron a ver en el costado de las “canchas” donde apareció el cadáver del gordo.
Serían ya unos seis los meses transcurridos desde el descubriendo del cadáver del gordo cuando comenzaron a circular las primera historias del “aparecido”, se decía que “el guatón que apareció finado en el rincón de las canchas” volvía ahora a “cobrarle” a quien pasara por allí de noche su muerte; solo puedo agregar aquí, que si bien yo mismo pasé por el lugarejo muchas veces nunca vi nada, ni tampoco mis amigos...,quizás por considerarla una historia más de tantas que habíamos oído no fuéramos “especialmente receptivos” a su aparición, pero si escuchamos muchas historias sobre este fenómeno, en especial recuerdo una en que un taxista se había metido con su auto al “potrero” en compañía de una de las tantas putas que se ponen en una rotonda cercana, llegando hasta casi solo un metro del lugar en donde apareció muerto el gordo fantasma, serían alrededor de las cuatro am cuando el taxista se estaba bajando los calzoncillos y la puta hacía lo propio con sus calzones cuando ambos salieron corriendo gritando y semi-desnudos del interior del taxi, causando el jolgorio y risotadas de un grupo de jóvenes que se encontraban bebiendo en una plaza cercana al “potrero”, más sus risas se fueron convirtiendo en cara de circunstancias y franco miedo al escuchar el atropellado relato del taxista y la puta, ayudado por frecuentes tragos del pisco que bebían los jóvenes y que les convidaron sin más, dijo la pareja que estaban ya pronto a sentarse ella en el pene erecto del taxista cuando de pronto sintieron un espantoso olor a putrefacción y que la temperatura bajo de golpe adentro del taxi tanto que a el se le bajo a él su miembro y a ella se le había congelado su desnudo trasero, luego se había materializado en el asiento delantero del taxi el cuerpo de un hombre gordo, blanquísimo, amoratado, con ojos agusanados y que para su infinito horror vieron que de su enorme panza se salían por diversos agujeros, gordos y asquerosos gusanos como evidencia de que hacía meses que el cuerpo se estaba descomponiendo, les pareció dijeron, como si en su afán de tener sexo se hubieran descuidado tanto que no sintieran que les abrían una puerta y les metían un cadáver adentro.
-“ ¡ El fantasma del guatón muerto del potrero! “ dijeron al unísono los jóvenes que ahí estaban luego que el taxista y la puta terminaran su atropellado relato, y a su vez ellos les contaron la historia del gordo fantasma, fue tal la impresión de ambos que a pesar de estar en paños menores y que la noche era y siempre la verdad será fría al amanecer, se rehusaron a volver al taxi, ni acompañados, solo y tiempo después de haber amanecido, de día claro ya, se animaron a acercarse al auto y vestirse, indiferentes a las miradas de algunos madrugadores y trasnochadores que iban unos y volvían otros y se detenían sonrientes ante el espectáculo de la puta y el taxista vistiéndose.
Aparte de este caso, más de alguna pareja que buscando un lugar más “solitario” se habían adentrado a “lo oscurito” había salido también corriendo y gritando que se les había “aparecido un muerto gordo”.
Otros relatos de apariciones que se escuchaban por aquellos tiempos era sobre un niño que había muerto ahogado en las aguas pantanosas de la que era conocida como la “poza”, y que era una especia de laguna pequeña de negras aguas estancadas, esta historia se recordara la había escuchado yo de niño de boca de las abuelas de mis amigos, y siempre había pensado que esta historia la habían inventado para impedir que nos acercáramos justamente a la “poza” ya que en verdad si era bastante peligrosa para un niño, pero tampoco es menos cierto que fueron muchas las historias sobre el “niño ahogado” que escuche y todas eran de diferentes personas, con diferentes sucesos, muchas las escuche en comidas o fiestas de labios de chicos que eran mayores que yo y que ya de grandes las diferencias digamos de niño y adolescente ya habían terminado y no era para ellos una falta que los vieran hablando con un “mocoso”, todas concordaban si, que lo que vieron les había sucedido al atardecer, que se encontraban o arrojando piedras a la laguna, haciendo “sapitos”, cuando y de la nada se vieron de frente con la imagen imposible de un niño de unos 11 años, que vestía ropas rotas, mojadas y embarradas y que le colgaban en unos flacos y blancos brazos y piernas, hediondas hasta la locura y lo que más destacaban estremeciéndose ante el recuerdo, unos ojos sin color, de un tono acuoso incoloro de fijo mirar, además al levanta su mano notaban que tenía adheridas a sus uñas plantas o pequeños palitos, y luego les había sonreído enseñándoles una dentadura blanquísima, de afilados dientes, ahí muchos habían gritado..., paralizados de terror en un principio, todos también coincidían en que en un parpadeo o cambio de luz por el anochecer la imagen se había desvanecido tan rápido como ellos mismo lo habían hecho al ya no ver la aparición, muchos te terminaban contando que habían demorado meses en siquiera volver a acercarse a la “poza”, por temor de volver a ver “al niño muerto de la poza”.
Pero como ya lo he dicho antes, el tiempo pasa y todo se va olvidando, y las gentes viven cada día más apuradas y simplemente dejan de ver muchas veces lo que tiene al lado, muchos ni siquiera se dieron cuenta cuando la “poza” comenzó a ser dragada y luego se fue rellenando con tierra, posteriormente las “canchas” fueron niveladas por fin y se empezaron a construir departamentos en ellas, en donde estaba la “poza” se empezó la construcción de nuevas canchas de fútbol de material sintético...,ahora, no por estos cambios y construcciones los “fantasmas” se fueron.
Ya desde los trabajos iniciales, en las obras de los departamentos y posteriormente en la construcción de las canchas sintéticas siempre hubo una gran deserción de obreros, a pesar de haber “recesión” económica, alzas de precio en todo y que encima el trabajo no abundara, en las obras tanto de los departamentos como de las canchas siempre faltaban obreros, ya que en ambas estos renunciaban continuamente, tanto que ambas se concluyeron con casi dos años de retrazo, si se investigaran las causas de tal deserción, más de alguien se llevaría una sorpresa..., incluso ni siquiera hubieron “nocheros” en ambos trabajos, el único que hubo alguna vez fue en la construcción de los departamentos, este hombre duro solo una semana en su puesto, dormía en una “media-agua” de madera acondicionada para él situada a unos metros del lugar donde fue encontrado el ya mítico “gordo fantasmas del potrero” , este hombre dijo al concluir su primera y única semana de trabajo como nochero, que “ni cagando seguía” ni aunque le pagaran el doble e incluso el triple, que el no estaba dispuesto a que a sus años pasara noche a noche el tremendo susto de ver la cara de un hombre gordo, azulada, semi-podrida y que le miraba con unos ojos salidos de sus cuencas de improviso y por cualquier ventana, “ni siquiera me deja cagar tranquilo”, agrego, ya que según dijo, en más de una ocasión se había levantado a vaciar el vientre y estando sentado en la taza de pronto se diera cuenta que era observado por esta cara horrible desde la ventana del baño, “me quedaba con el mojón colgando” dijo y que debía esperar las primeras luces de la mañana para que la cara se desapareciera, limpiarse y subirse los pantalones, también dijo que en otras ocasiones escuchaba claramente que estaban “jugando a las bolitas” , pero a las 3 o 4 de la mañana los niños no andan jugando a las bolitas, y al ir a ver que era, se encontrara un par de veces con un circulo hecho en la tierra como si hubiera estado uno o varios niños jugando a la troya, y adentro de este circulo varias bolitas, canicas de vidrio, mojadas, barrosas como si salieran del bolsillo de un niño que se hubiera caído al agua en un río, y en otras ocasiones al poco llegar a su trabajo nocturno, en el atardecer dijo que vio claramente la figura de un niño de unos 11 años que andaba con aire contrariado por donde había estado la “poza” , llevaba ropas que parecían embarradas y mojadas, semi-podridas y que a lo lejos al notar que el lo miraba le había sonreído con blancos dientes y se había esfumado en un parpadeo o quizás por el cambio caprichoso de un rayo de sol que le dio por unos segundos en los ojos. Este fue el caso del único nochero que tuvieron las obras, los obreros que constantemente se iban de ahí, contaban cosas como que estaban hartos y algunos decían francamente asustados, de escuchar tanto ruido inexplicable, de la aparición de la cara de un gordo putrefacto y la de un niño de blancos ojos y dientes en las recién instaladas ventanas, ambos con unos olores a putrefacción y humedad que más de alguno había vomitado al verlos y olerlos , más adelantada las obras muchos dijeron topárselos de frente ya en los pasillos de los departamentos o en las canchas sintéticas en especial en los camerinos, muchos dijeron que al gordo se le veían los huesos del cráneo y algunas costillas ya se asomaban de su podrida panza, otros que sentían pasos como de niño que sonaban acuosos, como si sus zapatos los hubiera metido al agua, que estaban hartos de limpiar sus pisadas cada tanto y en diferentes partes y a metros de distancia , varias veces en un mismo día , eran pisadas embarradas con pedacitos de vegetación acuática adherida , típicas de quien a caído y pisado en un río por ejemplo, y otros tantos decían aún asustados que habían visto a un chico de unos 11 años, caminando por ahí, con ropas podridas y mojadas, que se le caían al andar y que les había mirado con ojos sin color de ahogado y que les había sonreído enseñando unos dientes blanquísimos y afilados como los de una rata.
Pero, a pesar de todo los trabajos se terminaron, ya que en nuestro mundo actual, el dinero y los intereses creados, pueden más que cualquier fantasma o sitio embrujado, además la gente tiene que vivir y hacer deporte en algún lado..., la vida debe de seguir su curso a pesar de todo. Por fin un día cualquiera se dieron por concluidos los trabajos y los departamentos y las canchas sintéticas fueron inauguradas con gran boato por el alcalde y su demás cofradía y seguramente en el cóctel posterior (ninguna autoridad va a ningún sitio si luego no hay comida y bebida) seguro que más de algún arquitecto o ingeniero (los obreros, quienes construyen todo, no son nunca invitados) se hecho un nuevo brindis al coleto y se sonrió al recordar los problemas de “fantasmas” que tuvieron con los “incultos y supersticiosos obreros”, y que felizmente y a pesar de esto se termino felizmente tanto el proyecto de los departamentos como de las canchas.
Solo agregaré que los departamentos ahí están semi-abandonados porque nunca se vendieron bien, ya que se corrió la voz que ahí “penaban” un gordo putrefacto y un niño ahogado, los pocos que compraron, ni arrendándolos a mitad de precio logran captar clientes y los pocos que han llegado a los días recogen todo y se largan para nunca más volver, igual ocurre con las canchas, nadie quiere jugar en un sitio donde al ir a dar un pase a un compañero lo recibe un niño semi-podrido de alba sonrisa dentuda, ni ducharse en un camarín con un sempiterno olor a podrido. Yo simplemente creo que estarán siempre ahí, esperando quizás que cosa o vaya uno a saber a quien diablos .

FIN 


Por Barnabas
alfayaram666@yahoo.es 

  MY BELOVED DARKNESS & VIA NOCTURNA
  www.vianocturna.net

  ® 2006

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