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EL MACHI
“Ya que vas a
escribir -me dijo-
cuenta de mi pueblo -pobreza y dolor-
solo trajo el progreso-la cultura de la traición-
y los indios en los liceos...”
La Renga : “Despedazado por mil partes”.
EL MACHI
Llevaba caminando desde la 6:30 am y recién ahora que ya eran las 13: 45 pm venía a distinguir la choza en la que se suponía vivía “Aucaman Collipuyi”, “el Machi” para unos..., “el viejo brujo del cerro” para otros, dependía el mote, principalmente si el que lo mentaba era mapuche o citadino, como llamarlo, en lo personal me tenía sin cuidado, a mi lo único que me interesaba era que pudiera resolver mi problema, es decir, que con él pudiera yo vengarme.
Hacía un par de años que había conocido y cortejado a Cristina M, ya desde los tiempos del Liceo que me atraía y logre ser su novio el último año que yo estuve en el, en cambio a ella aún le quedaban dos años por rendir para haber terminado su educación media. Para mi, el haber terminado el Liceo, solo me significo que mis días transcurrían en mi casa en vez que en el Liceo, los trabajos para mi no abundaron..., la verdad para muchos también era igual, en el sur las oportunidades nunca sobran, lo que si aumento en forma astronómica y creo que en consecuencia misma a mi ocio fue mi consumo de alcohol, unido a un creciente mal genio, tuvimos muchas, quizás demasiadas peleas con Cristina en esos tiempos, pero seguía prevaleciendo el amor que creía sentíamos el uno por el otro, esto duró hasta el último año de cristina en el Liceo, en esas fechas conoció a un profesor recién llegado desde la capital, con quien se fue a vivir tan solo a días de su graduación.
-“ ¿Y que esperabas? ”– me dijo cuando un día me la topé de golpe en la plaza del pueblo una de las tantas tardes en las que deambulaba semi-ebrio por ahí en busca de alguien con ganas y dinero para seguir bebiendo.
- “ Tu ya vives ebrio – continuo – no trabajas ni haces nada aparte de beber, ¿qué futuro me esperaba contigo?, solo mírate”. Sabía perfectamente que tenía razón, me dolió también que así fuera, pero no llegué a balbucear siquiera una justificación o alguna especie de disculpa, cuando el trago te tiene en sus garras, solo la violencia es siempre la respuesta, además estaba el hecho, pensaba yo en ese momento ya tomado por los efluvios etílicos, de que así era yo (menos borracho claro, pero esto lo atribuía yo a las circunstancias) cuando nos conocimos, pensé también que solo estaba pasando una mala temporada y que ella la muy puta, no había sido capaz de esperarme un tiempo antes de irse a copular con su profesorsucho, y así se lo dije.
- “¿Y? “ dijo, mirándome de arriba abajo – “el Matías se viste como caballero, siempre se baña y anda olorocito a colonia,..”
- “ ¿Te la mete como te la metía yo?” le respondí... .
Una cachetada fuerte y sonora, que hizo volverse a más de algún curioso en la plaza fue su respuesta, me miró echando fuego por los ojos un eterno segundo y sin más dio media vuelta y desapareció entre la gente.
Me entregué a un frenesí de borracheras como nunca había pasado yo hasta ese momento, después de ese encuentro, cuando tuve un momento de sobriedad, luego de semanas de embriaguez, terminé concluyendo que el culpable de todo era el profesorsucho encoloniado y que solo vengándome lograría volver al menos al estado en que me encontraba antes de que el apareciera, es decir con Cristina de novia y buscando trabajo, bebiendo claro, pero “lo justo” para sobrevivir.
Por estos motivos era que estaba en esos momentos a punto de llegar al lugar en donde vivía (se suponía la verdad) uno de los más respetados “Machis” de la región para pedirle que el profesorucho “se muriera”.
Yo sabía de casos en los que se hacían estos “encargos”, y de que si resultaban, pero quiero que se entienda de que yo esperé siempre que se me entregara por ejemplo un veneno fuerte, rápido y efectivo y que no se pudiera detectar, alguna hierva venenosa algo así por el estilo..., nunca lo que se me dio ni menos sus consecuencias que el hecho mismo tuvo en mi y en los involucrados.
El “Machi” vivía solo en la cumbre del cerro que había tenido que escalar para llegar a él, de nombre “del Norte”, esto, por ser simplemente el cerro más grande que se apreciaba al mirar en esa dirección, tenía por añadidura este cerro “mala fama” desde antes del tiempo en que llegaron los españoles a la conquista de estas tierras, se dice que incluso los Incas derramaron sangre humana de sus sacrificios a sus dioses, que continuaron si cabe la comparación, los mapuches con la práctica cortando en él las cabezas de los españoles capturados, más en nuestros días, se decía y alguna que otra nota llegó a salir en los diarios locales sobre el tema, que en el se reunían “jóvenes satánicos”, “de esos que se visten de negro y andan con las cruces patatas pa’ abajo”, decían las viejas del sector, de esas viejas que todo lo saben, eso en los años 80tas, con el Thrash y los jóvenes de esa generación, que más que invocar demonios iban al cerro a beber y fumar marihuana con radios a pilas a escuchar a Iron Maiden primero y a Slayer después, para terminar quebrando botellas y gritando al vibrar con las canciones de sus grupos favoritos, más recientemente se habían visto a grupos de “góticos”, mucho más recatados que los thrashers, que llegaban al lugar atraídos por sus historias y leyendas a practicar “Ouija” ....,y que si quizás hablaran de los resultados de esas practicas..., aumentaría en una más las leyendas del cerro. Nada de esto si, tocaba al “brujo” del cerro, ya que a ningún joven o grupo de ellos (en grupos son más valientes) se había atrevido a subir a molestarlo, el tipo tenía de tiempo inmemorial cierta fama, cierto era que ayudaba a los de su raza en enfermedades y males “espirituales” desde hacía décadas, sin recibir más pago que algunos huevos de gallina castellana, miel, chicha, maíz, algo de tabaco y curiosamente algo de marihuana, se decía que le encantaba llenar una pipa con ella y fumar hasta atorarse, se decía también que no le agradaba que llegaran “huincas” como yo a su casa, me preguntaba que pasaría si un día subía un “gringo” a verlo por ejemplo, ya que para él, “huinca” eran todos los que no fueran mapuches, para el los “chilenos” mestizos y todo como yo no eran mapuches y ya y por tanto era “huincas”, decían las leyendas que el sabía como “vengarse” de los que lo llegaban solo a “molestar”, tendría más de cien años se decía, pero ello no le impedía subir cerros como el mejor, de aparecer de pronto en el lugar menos pensado y de dejarte ciego solo de mirarte fijo y de pronto con un movimiento casi imperceptible por lo rápido “agarrarte la vista con los dedos”, se decía además que su capacidad de aparecer de pronto, se debía a que sabia esconderse “detrás del sol”.
Esas y alguna otra historia sobre el personaje que estaba a segundos de conocer se me pasaban por la mente en esos momentos...
“- ¡ Alto ahí!” – escuché de pronto, quedando paralizado, miré , pero no se veía a nadie.
“- ¿ Quien eres?- inquirió la voz, era una voz cavernosa, arcaica, cázcada , malévola....,y me parecía a mi “sabia”, solo que de pensar en que “saberes” era versada la voz, me estremecía.
- “ Me envía Montero P, (un conocido que me había hablado de un “encargo” que le había hecho al “brujo”, unos filtros “de amor” me dijo, con cara de picardía) el me dijo lo bien que usted le había resuelto un “trabajito”....¿se acuerda de eso?”.
Hubo un momento de silencio, como si la voz estuviera considerando la respuesta.
-“ Puede ser que me acuerde, como puede que no..., pero ¿tu sabes como deben de pedírseme las cosas o no?”.
Era la pregunta y el momento que esperaba, ya sabía que casi estaba todo listo, ahora debía hacer una especie de “pago” por el derecho a exponerle mi problema al “brujo” , ahora si el gesto se lo ve desde una perspectiva antropológica, era parte de la cultura indígena al llegar de visita a cualquier parte llevar algún presente para el visitado, conducta que por lo demás me parece digna de emular, saque pues de mi mochila un par de conejos de monte, un par de paquetes de mate y café, una botella de aguardiente y tabaco...., y un gran paquete de marihuana andina, principalmente “cogollos”, al abrirlo y otear luego el horizonte advertí sobresaltado el brillo de un par de ojos que al parecer siempre habían estado ahí y que yo no distinguía, luego y a plena luz del día (eran tipo 14:30 pm ya) se “materializo” el “Machi” “Aucaman”, según me dijo después había salido de “detrás del sol”.
Luego de un par de horas, ya casi habíamos terminado de asar el par de conejos, bebidos varios mates con aguardiente y fumado sendos cigarros con el tabaco y él en una inmensa pipa de hueso que saco y yo en los populares papelillos de fumar, habíamos estado probando los “cogollos” andinos..., fue comiendo de los conejos que recién me anime a exponerles mis planes, le conté todo el asunto, menos lo que quería hacer con el profesorsucho, al terminar, me miro fijamente mucho rato y al fin me sonrió y me dijo.
- “Si, se notan tus ganas de vengarte, ¿qué quieres que haga?, ¿qué no se le pare más su “coso”?,” ¿qué pierda el trabajo?”, ¿”qué se enferme?...”
-“Quiero que se muera”- lo interrumpí...
-“¡ Ah vaya”- dijo- “la cosa si que va en serio entonces..., y ¿por qué no le das muerte tu mismo?”, “¿por qué me buscas a mi?”.
-“Pues para no ser descubierto pues, ¿qué gracia tendría el asunto si me voy preso?”
-“Jejejejejejejejeje” – rió por lo bajo el “brujo”- “pues puedo hacerte el “servicio”, pero no será creo como tu te imaginas que será, lo leo en tus ojos, eres un libro abierto para mi y encima, uno que me leído mucho en el curso de mi vida, ¿hay un sentimiento más humano que el de la venganza?, solo los hipócritas como esos curas “huincas” desdeñan estos sentimientos y exaltan a la compasión y la resignación como respuesta..., cuando el hombre es guerrero, no se siente bien hasta que no ve a quien le ha hecho mal muriéndose a sus pies ¿no?, pues para ello te advierto que no podemos pedirle ayuda a ese dios de viejas piadosas de los curas para esto”.
Al decir lo último, los ojos del indígena centenario brillaron con un resplandor que no tenía nada que ver con los efectos del aguardiente ni de la marihuana, y por segunda vez aquella tarde de verano, con más de 30 grados encima, me estremecí y fue tanto por los ojos del “brujo” como por entrever a donde iba a llevarnos esta conversación.
-“Debemos de pedirle ayuda al Pillán” –dijo por fin.
Ahí estaba, sabia de sobra que el “Pillán” en la iconografía mapuche, no era otro que el “diablo” en la mía .
-“Oiga don Aucaman” -le dije- “¿de que me esta hablando?, ¿quiere que llamemos al “diablo”?.
El solo me miró, sonrió y luego se puso a reír.
“Hijo, -me dijo- veo que conoces a quien hay que acudir, al dios de las viejas se le deja para curar o salvar gente y al “Pillán” para que la gente se muera...., tu veraz”.
Seguimos comiendo los conejos, echamos otros muchos mates con aguardiente y nos fumamos media bolsa de tabaco y el “Machi” casi acabo con los cogollos en su inmensa pipa de hueso y recién cuando el día ya trocaba a su fin, yo ya había decidido que le diría al “brujo” que si, que llamara al “Pillan” o que era lo mismo “al diablo”.
“Aucaman”, el “Machi”, realizó al empezar a caer la noche como digo, los ritos necesarios que en su saber o en su cultura servían para invocar a la entidad o ser que el designaba como el “Pillan” , en la mía, si bien se decía que tenía 99 nombres, con solo el que el “brujo” repetía constantemente en las cadencias de sus invocaciones me bastaba. Si estas páginas llegan algún día a las manos de algún antropólogo o estudioso de estas cosas, le interesara saber que cosas como el olor penetrante y hediondo del azufre esta presente como dicen las más antiguas tradiciones en estas apariciones, lo mismo, que se pide la aparición en “buena presencia” y “sin ningún mal olor” , pero el del azufre es signo creo de distinción del “diablo”, es parte de él, también se sigue exigiendo un papel firmado con sangre, si bien no puede ver por completo en esa ocasión ( y doy las gracias por ello) al ser con que lleve acabo este “compromiso” como lo llamó después el “brujo Aucaman”, puedo asegurar que vi unos cuernos puntiagudos en su cabeza y la “mano” que me acerco una especie de pergamino que me pareció sacado de una tumba egipcia, no tenía forma humana y más se parecía a una peluda pata de cabrio, como me explicara “Aucaman”, no era “un pacto” lo que había realizado en el cual “vendiera” mi alma (cosa en la cual aún continuo sin creer en su existencia a pesar de todo , me refiero por supuesto al “alma”) al maligno, solo habíamos hecho una especia de “acuerdo” o “compromiso” como dije que lo mentó el “brujo”, en el cual, él (la “presencia”) se comprometía a matar al profesorcillo capitalino de cáncer, como realmente ocurrió exactamente cuando se cumplieron los 6 meses desde que yo había estampado mi firma escrita con mi sangre en el pergamino, y yo debía de “pagar”, entregándole al “brujo Aucaman” mi primer hijo con Cristina, ya que ella volvería a ser mía ..., me sonó espantoso entonces y me suena espantoso ahora..., pero yo quería vengarme por sobre todo.
Cuando todo por fin termino, y de la humareda que había encendido el “brujo” mapuche, en el centro del círculo que dibujo con algo que a mi se me había antojado como tiza molida por el color blanco, pero quizás fueran huesos molidos o vaya a saber alguien que cosa, solo salía una columnita de humo que se llevaba el viento, el “Machi” me dijo mirándome fijo.
-“No se le vaya a ocurrir no cumplir, no te imaginas que ocurrirte a ti”- y el muy infeliz me sonrió.
Los meses pasaron muy rápidos, como ya dije a los 6 exactos se murió de cáncer el profesorcillo, a los 8 me estaba casando con Cristina, ya que muerto el tipo, volví a acercarme a ella y como por fin mantenía un trabajo que habían encontrado de “suerte”en forma estable, me convertí de golpe y porrazo en el “rey puesto” del dicho.
A los 10 me anunció una sonriente Cristina que estaba embarazada, yo sudé frío en ese momento, luego con el pasó de los meses contemplaba con horror como iba aumentando de tamaño la barriga de mi esposa, a los 6 meses de embarazo o al año y medio de haber realizado el rito en el cerro Norte, soñé por primera vez desde que nos habíamos visto con el “Machi”, soñé con él sentado, solo en la negrura de la noche infinita del cerro Norte, junto a una gran fogata, fumando en su inmensa pipa de hueso y al rato me hablaba, recordándome que en 3 meses más debía cumplir con mi parte del “compromiso”y entregar a mi hijo, que ya tendría más, pero que este el primogénito era del “Pillan”..., y nuevamente me sonrió el muy hijo puta.
Desperté en esa ocasión y como en todas las que le siguieron, bañado en sudor, pero fue cuando ya casi Cristina cumplía los 9 meses de embarazo que además despertaba gritando, ya que en esos sueños no solo veía al “Machi”, siempre sentado al lado del fuego, también a la “presencia” a la cual le firme el pergamino con mi sangre, estaba presente en el sueño, y a mi la sangre me volvía a correr por mi dedo pulgar izquierdo, tal como ocurrió aquella maldita noche en el cerro Norte cuando lo corte con el cuchillo que el “brujo Aucaman” me ofreciera para ello.
Así estaban las cosas, hasta el día en que Cristina me anuncio con sus gritos que el día del nacimiento había llegado y mande a llamar a la comadrona del pueblo, ya que el hospital quedaba muy lejos y ya veía que no habría tiempo de llegar ahí, y nació la niña bella que pudiera imaginarse y me prometí a mi mismo cuidarla para siempre con mi vida..., más al terminar yo de pensar en ello y la sangre que perdía mi mujer aumento su flujo en forma brusca y la vida se le empezó a ir en un río rojo que salía de entre sus piernas, espantado , grité temblando que sí, que cumpliría con el “Machi Aucaman” y con el “Pillan”, la sangré paro, nuevamente de golpe..., la comadrona se santiguó y salió de la pieza corriendo.
Tras dejar a mi mujer, en manos de una atribulada vecina, esa misma tarde emprendí el camino a caballo esta vez, hacía el cerro Norte, con mi beba recién nacida envuelta en varias frazadas en mis brazos, iba llorando y empinándome a cada tanto un balón de aguardiente que sentía descender por mi garganta como si fuera solo agua de la llave la que bebía.
Tuve que dejar atado varios metros antes de llegar a la choza del “brujo” a mi cabalgadura, las lluvias habían hecho dificilísimo el acceso hasta la vivienda de “Aucaman”, enterrándome en el barro, sin soltar ni a mi hija ni el aguardiente, quizás algo trastornado, logre llegar hasta el “brujo”, y no me sorprendió ver que tenía encendida una gran fogata y que estuviera sentado fumando su pipa de hueso..., era igual que en mis sueños, solo al acércame a metros de él, pude notar que las sombras a su espalda eran mucho más densas que a mi alrededor y supe que la “presencia” estaba ahí nuevamente.
Y puedo decir a quien le interese que en esta segunda ocasión vi nuevamente y con más detalle que la “presencia” tenía grandes brazos peludos y negros y que terminaban en pezuñas como recordaba, con las que no tuvo problema alguno en arrebatarme a mi hija de mis brazos, vi también otra vez sus grandes cuernos en su cabeza que era igual a la de un chivo, pero con más rasgos humanos, de larga barba..., tampoco tuvo problemas con sus manos-pezuñas para tomar un gran cuchillo labrado con esotéricos símbolos en su cacha y degollar con el a mi hijita, al cortar su frágil cuello, también corto algo dentro de mi para siempre, llenó con su sangre caliente un gran cáliz y entrego el despojo que ahora era mi niñita al maldito “Machi”, quien se apresuro a trozarlo como a un pollo y ponerlo al fuego a asar como tal, medio trastornado de terror, miedo y asco hacía mi mismo escuché a los seres que esa noche estaban ahí, ya que estaban presente en lo que ya veía era una “gran ocasión” para ellos, oí sus horribles gritos mezclados con cánticos repulsivos, que llegaron a su cima, cuando la “presencia” llevo a sus labios el cáliz lleno de sangre de recién nacido, bebiendo un largo y sonoro sorbo.
Desperté de día claro y a los pies del cerro Norte, temblaba de frío y de miedo aún, del caballo nunca más supe..., nunca tampoco pude explicarle a Cristina que había sido de la niña, nunca termino de creerme del todo la historia que la comadrona se la había robado, yo a esa vieja bruja la eché al río días después para asegurarme su silencio, condenándome un poco más al añadir otra muerte a mi haber.
Cristina me abandono nuevamente a los pocos meses de ocurridos estos hechos, esos pocos meses fue el tiempo en que me demoré en convertirme en forma definitiva en el vagabundo alcohólico que soy ahora, acosado por la culpa y los malos recuerdos.
Y cuando quise volver a ver a “Aucaman” y ver si me podía devolver a mi mujer nuevamente, nunca pude encontrar la senda que lleva a la casucha del “ brujo del cerro”, así aprendí que solo la muerte puede curar ciertas heridas y que el trago no hace más que aumentarlas..., tengo la certeza que existe en este mundo lo “malo” pero por fuerza creo que debiera a su vez de haber algo “bueno”...., aunque hay muchas noches que mirando al cerro Norte y veo una fogata en su cumbre, estremeciéndome, dudo que ello sea verdad.
FIN
Por
Barnabas
alfayaram666@yahoo.es
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