-! Joder que calor ¡que calor!- Era este el único suspiro que en ese caluroso día de agosto, no paraba de salir cual letanía patética, de los carnosos labios de Elisa.
Elisa en su pequeño apartamento de treinta metros cuadrados se moría de calor, pues abrir las ventanas era inútil, y corría peligro de muerte si lo hacia, pues afuera (como decía su madre) “caía fuego.”El sudor empapaba su blanco y joven cuerpo, tan solo cubierto por estúpido pudor (pues vivía sola) por unas braguitas de seda semitransparentes.
Ya no podía soportarlo más, había dormido toda la mañana tan vestida como lo estaba ahora, sobre el piso de mármol del dormitorio, pero ni aún así, había conseguido refrescarse. El ventilador llevaba todo el día funcionando, y solo conseguía inútilmente mover el aire caliente de un lado a otro, en el sofocante apartamento. Y no, tampoco poseía aire acondicionado, ¿y por que? Porque no ganaba para tanto, eso era un lujo que su bolsillo no podía permitirse, lo comento por si alguno de los lectores ya estaba pensado en esa bendita opción.
En lo que llevaba de día, y solo eran las tres de la tarde, ya se había duchado con agua fría unas tres veces. De lo único que al menos podía alegrarse era el de haberse deshecho de su larga, exuberante, y morena cabellera por un corte más fresquito aunque un tanto atrevido, era algo así como el de Mia Farrow en el filme “La semilla del diablo.” Pero esto tampoco conseguía refrescarle lo suficiente.
Decididamente, su bello cuerpo no estaba preparado para aguantar semejante calvario.
Para colmo, y esto era con diferencia lo peor, el “frigo” no funcionaba, y la única bebida que podía tomar, no solo no le quitaba la sed, sino que además, le provocaba nauseas. ¡Odiaba la bebida a temperatura ambiente! (sobre todo, cuando este estaba a 35grados). Por suerte Elisa ayer mismo había llamado al técnico para que lo reparara y este le contesto que se pasaría hoy a eso de las cuatro de la tarde.
Elisa mirándose como estaba otra vez, pegajosa y chorreando sudor, decidió darse la cuarta ducha del día. Cuando salió del baño casi sin secarse se puso otras braguitas limpias.
-De buenas ganas recibiría al técnico así, pero estos estúpidos… ¡Hombres! ¿Por qué serán tan primitivos? ……. mejor me pondré algo, no tengo ninguna gana que un estúpido de esos, se me quede mirando, con los ojos como platos y la boca tan abierta, que un túnel parecería estrecho.-
Al pensar en esa cara de asombro que se le pondría al técnico, al verla únicamente con sus braguitas rosa de encaje, sonrió. Así que cogió la batita más fina y ligera que tenía y se dispuso a recibirlo, así de fresquita pero” tapadita.” veinte minutos mas tarde sonaba el telefonillo en el apartamento: ¡¡”RING, ring,ring,riinng!!. Elisa se dirigió al telefonillo, extrañada por la puntualidad, lo descolgó y preguntó: -¿Si?- -Soy el técnico- -¡Ah! ¡Suba!- contestó Elisa dándole al interruptor del portero automático. En pocos minutos llamaban a su puerta: -Pase, ¡buenas tardes!-
-Buenas, tardes hay calor ¿eh?-
-Y que lo diga, mire como estoy, empapadita en sudor- Le dijo Elisa al técnico, mientras le enseñaba su ya perlado escote, de gotitas transparentes que resbalaban acariciando sus blancos pechos.
-Bueno…veamos… ¿Qué problema tiene el frigo? -Le pregunto el técnico sonrojándose al mirarla un poco” cortado”.
-¿Problema? pues sencillamente que no cumple con la función para la que ha sido creado. Sin ir mas lejos hoy he tenido que tirar a la basura un montón de carne y bebida que ya empezaba a oler mal.
- ¡Claro…con estos calores! , ¡veamos!, esperemos que no sea nada grave, pero por lo que me dice, puede que se halla quemado el motor. El profesional retiró el aparato de la pared, abrió su caja de herramientas y se puso manos a la obra. Pero no sin dirigirle alguna que otra furtiva mirada recreándose en las formas sugerentes y tentadoras, que le inspiraba el lindo y provocativo cuerpo de nuestra joven Elisa.
Y era natural que lo hiciera, y Dios sabe, como conseguía concentrarse en la labor que tenía entre manos. La escena que se ofrecía solo para los ojos del joven técnico, seduciría a cualquiera que no fuera de piedra, y se sintiera atraído por los miembros del sexo opuesto. Por ello seria justo decir que fue un chico muy fuerte, o muy tímido, para soportar semejante bombardeo erótico. Elisa estaba sentada sobre la lavadora, justo, enfrente del muchacho, con sus largas y blancas piernas colgando, y apenas tapados sus hermosos muslos por la sutil prenda. Aunque muy blanca de piel, esta era una blancura hermosa que resaltaba su suavidad casi divina, y arrebatadoramente sensual Elisa lucía su batita de seda roja, de un estilo que recordaba a lo oriental, lo que lograba que más de una vez se perdiesen los ojos del técnico hasta lo que permitía la censura de la seda. O dicho de otra manera, para que sepáis de qué guisa se presentaba a los ojos de cualquier afortunado espectador que hubiese estado presente. La batita que muy poquito cubría, estaba muy desabrochada y suelta tan solo atada a su estrecha cintura por un lazo negro que muy parecido sospechosamente a una corbata. Quizás una prenda de recuerdo, que fuera regalada o hurtada, y que ahora llevaba como si fuese un presente o trofeo, del ultimo amante que hubiese pasado por su cama. Todo esto sin contar con la imaginación, de aquel que la observaba, contribuía, que ella sin querer o queriendo (con las mujeres nunca se sabe) mostrara encantos que en una señorita, no eran muy decentes de mostrar.
Por otra parte, nuestro técnico era un chico joven de veinti y pocos, moreno, atlético y bastante guapo. Elisa no paraba de mirarlo, podría decirse sin duda que si pudiera, lo devoraría con los ojos.
El técnico por fin se incorporó y limpiándose las manos con un trapo viejo y mugriento se dirigió a la clienta sin dejar de apartar la vista de sus manos, intentando disimular su notable erección de forma inútil con ese “juego de manos y trapo.”
-¡Bien ya está! dentro de unos veinte minutos mas o menos esto estará mas frío que “el morro de un oso polar”-. -¡Oh estupendo! mientras tanto ¿le apetece un café, mientras esperamos?...- -Es usted muy amable señorita…- -¡Elisa! , llámame Elisa y por favor tutéeme, casi tenemos la misma edad, y encuentro algo chocante, que dos personas tan jóvenes se traten de usted lo veo como algo muy antiguo, y ya desfasado. A propósito ¿cual es tu nombre?- Le interrumpió Elisa, al poco, el sorprendido técnico, retomó la palabra. –Esto… me llamo Manuel, señorita…esto, Elisa lo que le decía…Estoo…te decía que agradezco el café como si me lo hubiera tomado, pero con este calor… - -¡Si verdad!, ¡que tonta! perdona Manuel, y no tengo nada fresquito que ofrecerte, el frigo…ya sabes….a ver que podríamos hacer para pasar el rato…- Mientras hablaba, se había ido acercando a nuestro muchachote, hasta que sus manos de forma suave pero decidida, hacían presa de la abultada entrepierna del pobre chico, y antes de que él se repusiera del sorprendente ataque, como por arte de magia la lengua de Elisa estaba invadiendo su boca.
* * *
Media hora después Elisa, se levantaba desnuda del suelo de la cocina, dejando a su exhausto amante contemplándola todavía asombrado yaciendo sobre el suelo de la cocina, medio desnudo y con una sonrisa bobalicona, dibujada en su rostro. Desde su situación Manuel contemplaba como la esbelta y sensual figura de la joven, se dirigía al frigorífico, lo abrió, y al comprobar con entusiasmo que enfriaba, se fue hacia el muchacho que abrazándolo y dándole de besos le dijo: -Eres mi héroe , ¡me has salvado, la vida! y sabes ¿Por qué…? Porque además de arreglarme el “frigo,” me proporcionaras bebida y comida para pasar, el resto del mes.- Al oírlo, el chico abrazado a Elisa, le sonrió, con una expresión llena de extrañeza, pero de inmediato su extrañeza cambió, su cara, ahora solo reflejaba miedo y dolor, quería gritar pero el mismo pánico, lo enmudeció. Los ojos de Elisa se tornaron ambarinos, y sus pupilas verticales, como la de los gatos. Esos terribles ojos lo miraban, con esa siniestra y salvaje, codicia, la misma que podríamos ver en los de un león u otro depredador, justo antes de devorar a su presa. El chico sintió como las manos que le abrazaban la cintura se volvían cada vez, más y más fuertes, y las uñas se clavaban en su carne como cuchillas cruelmente afiladas. La fantasmal cara de Elisa se le acercó al rostro y comenzó a besarlo dulcemente en los labios, en la mejilla detrás de la oreja, en el cuello, en el hombro, y es allí donde se detuvo, al poco comenzó a chupar en la zona elegida, preparándola, para el mordisco. Muy a su pesar el pobre chico, estaba, como en trance y aquello que le estaba haciendo, había logrado que sintiera un extraño placer. Era algo así como un orgasmo largo y continuo, pero que iba más allá de lo meramente sexual, ese
placer lo envolvía todo: su cuerpo, su mente y hasta su alma. Manuel no se daba cuenta de lo que pasaba, y disfrutó el momento, hasta que dejó de sentir y su mundo, se volvió un manto, de oscuridad y silencio.
* * *
Una hora después:
El chico yacía muerto, a los pies de Elisa y ella con la solemnidad de un ritual terminó de desnudarlo. Luego abrió el cajón de un mueble de la cocina sacó un catéter con una larga aguja arterial, se dirigió a Manuel, que cada vez estaba más pálido, y con toda la calma, y la profesionalidad de una enfermera con años de experiencia, tomo la aguja, y se la clavó en la carótida. Si el corazón de Manuel, todavía hubiera seguido latiendo no habría sido necesario, pero como este no era caso empleó también una bomba succionadora. Comenzó a extraerle la sangre, llenando con ella, dos botellas de dos litros cada una.
-¡cuatro litros! no está mal, nada mal. –Pensó entusiasmada. Acto seguido, metió el cuerpo como pudo en el frigorífico y la sangre embotellada en el lugar reservado para ellas.
-¡Joder menos mal!, con este calor me resulta muy agotador salir de caza, espero que este me aguante, (¡si no se jode, otra vez el maldito cacharro!) hasta septiembre.¡ Joder, que asco de calor!, ¡como odio, el verano!, el año que viene yo emigro a un lugar más fresquito ¡Hmmm….! la verdad que es muy buena pieza, por fin algo refrescante que llevarme a la boca, ¡joder que duro es ser vampiro, y sobre todo en verano.- Pensó Elisa al cerrar “EL FRIGO”.
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JOSE MARIA MANTEL GARCÍA
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