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LA VENGANZA DE UN EFEBO
Por
José Cadaveria
(Cadiz - España)
Nunca pensé que el cruel acto, del asesinato pudiera por si solo, provocarme tanto deleite.
Verán: Yo tenía por aquel entonces unos 17 años si mal, no recuerdo , en esos tiempos las familias no eran tan permisivas como hoy en día sucede, y la homosexualidad estaba muy mal vista. Si te tocaba ese numero en el sorteo de la vida, lo tenias amigo mío realmente mal, por ello y otras razones que ahora no vienen al caso, mi padre sin ninguna contemplación me hechó de casa, y de nada sirvieron las lagrimas de mi madre, ni las suplicas de mis hermanas, ni se apiado de mi llanto, ni de los días que llevaba si comer , al darme cuenta de lo que yo significaba para mi casa…en fin esa fue una etapa de mi vida , de la que es mejor, no hablar.
El caso es que, tuve que huir, y no solo de mi casa sino del pueblo, -no me pareció decente quedarme a vivir en un pueblo, donde todos sabían que me habían echado de la casa por marica-
Fui a la estación y tomé con el poco dinero que pudo darme mi madre, el próximo tren a la ciudad.
Allí , me acomode, en una” pensión de mala muerte”en donde las ratas, moscas y cucarachas hace tiempo que habían ganado la batalla al hombre .Una vez instalado le conté a la casera mis problemas de dinero, y le pregunté si conocía a alguien que ofreciera trabajo, la buena mujer casi salta de alegría , <<mi hermano Ramón es ya muy viejo , es carpintero y tiene una carpintería aquí al lado, ayer mismo, me dijo que tenía demasiado trabajo, y le urgía un aprendiz >>cuando me dijo esto, salí corriendo al taller de carpintería. Cuando llegue a este el viejo se me quedó mirando de forma extraña. Le dije que su hermana me había dicho que necesitaba un aprendiz, y le conté (¡torpe de mí!) que necesitaba trabajar, que estaba en las ultimas, que sino me aceptaba, me vería obligado a mendigar por las calles y pasar hambre, le dije que no se arrepentiría, que le ayudaría en todo, haciéndole el trabajo mas llevadero. El viejo me sonrió con una sonrisa, que me pareció compasiva.
-Pareces un chico sano y fuerte ¿Qué edad tienes?- me preguntó el viejo carpintero.
- Acabo de cumplir 17, señor – le dije con apenas un susurro.
-¿tu no eres de aquí, verdad chico?-
- No señor, soy de xxx-.
- ¿Estas muy lejos de tu casa muchacho? ¿Cómo te llamas? ¿No te habrás escapado?-
- Me llamo Ángel, señor y… no me escapado de casa.-.
-¿Te echaron?- Al preguntarme aquello me puse colorado, y agaché la cabeza mirando al suelo, (como si el suelo tuviera algo importante, que mostrarme,) la había cagado eso era lo único seguro, al compórtame de aquella manera… seguro que ya el viejo sospechaba algo.
- ¡vamos, vamos! , no pasa nada, si no quieres contármelo no me lo cuentes, ¡toma esto! ve al ultramarinos y cómprate, un mono y unos zapatos de trabajo, no quiero que se te estropeé esa ropa tan bonita que llevas puesta, empiezas a las 3:30 después de almorzar-.
Cuando me dijo esto me alegré mucho, corrí al ultramarinos y me equipe para la jornada de la tarde. No es que fuera el trabajo de mi vida pero… ¿Qué podía hacer?, mi plan en ese momento solo consistía en sobrevivir, mas tarde con lo que pudiera ahorrar en aquel “curro”, me pagaría una beca de estudios he ingresaría a la universidad, estudiaría mucho y me convertiría, como me decía mi madre en “un hombre de provecho” y cuando consiguiera mis objetivos regresaría a casa, para golpearle a mi padre en la cara con mis logros. Esos eran mis planes de futuro.
Pasaron unos días hasta que ocurrió lo inevitable, el viejo carpintero descubrió mi secreto: Fue en un día de feria, conocí un joven seminarista muy guapo estuvimos toda la noche bailando, riendo, bebiendo, y hablando de temas intranscendentales de esos que conlleva a la carcajada y lo que sucede en estos casos, nos dio por practicar el 69, en el viejo taller de carpintería del cual yo poseía una copia de las llaves.
Fue justo en ese preciso momento, cuando más concentrado estábamos en la tarea que teníamos, precisamente entre las manos y los labios en lo mejor de aquella mutua felación, entro el viejo gritando como un energúmeno << ¡Maricas de mierda!, ¡Cerdos degenerados! >> Y otras lindezas de igual o semejante calibre. Mi seminarista asustado salto de la mesa de trabajo donde ambos yacíamos, cogió sus cosas tan rápido como pudo y si hacer amago de despido alguno, salió a la calle en pelotas con la precipitación de un criminal sorprendido.
El viejo me miro y me lanzó una terrible y sardónica sonrisa, yo estaba terriblemente asustado, no sabia ni a donde mirar, -¡tierra trágame!, ¡Dios si existes, mátam ¡- recuerdo que estúpidamente pensé, ya era mi fin, el viejo me echaría y en breve el pequeño pueblo sabría que era maricón, estaba todo acabado.
Pero… muy al contrario no paso nada el viejo cambió su sonrisa, ahora su mirada era mas amable, se acercó a mi y me dio mis pantalones y me dio un pequeño discurso, para que no temiera nada: “mira chico me da igual lo que hagas con tu vida, pero en un futuro seria mejor que fueras mas discreto y eligieras mejor los sitios donde te vas a dar un revolcón, ¿me entiendes? sabes, la mesa de trabajo de la carpintería de tu jefe, además de no ser demasiado cómoda para echar un polvo, resulta algo peligrosa , a cualquier hora, ya sabes, que yo podría aparecer para un arreglo o por que se me a olvidado algo, soy muy despistado además debes de reconocer que unas luces encendidas a las dos de la madrugada resulta de lo mas sospechoso ¿no te parece?, también he de decirte que aquí no se ven con buenos ojos a los maricones , es un pueblo muy atrasado de gente sencilla y religiosa, podría matarte a palos y luego decir que te mate porque querías chuparme la polla, o que te diera por culo, todos se reirían y su sentencia seria-que mas da,! un maricón menos en el mundo¡- ¿entendiste?” Cuando el viejo me contó aquello en un principio no lo pude entender, debido a mi inocencia, pensé que lo que me había contado lo hacia con buena fe, (que iba a saber yo de los lobos disfrazados de corderos con lo niño qué era todavía).
Al principio después de dos o tres días me pareció que todo había sido como una anécdota más, de las que contaría un día y de la que asta me reiría. Cual lejos de la realidad el viejo no estaba dispuesto a perdonar, cada día era peor no paraba de insultarme de la manera más perversa y vil que un viejo ignorante como aquel pudiera concebir. Yo estaba desesperado no sabía que podía hacer, me decía a mi mismo que todo pasaría, pero, no, el viejo se mostraba cada vez mas cruel conmigo, asta el punto que empezó a abusar de mi bajo amenazas de que lo contaría todo.
Con ello yo que siempre había sido un chico muy pacífico (casi tonto) me hice cada vez mas violento y en respuestas de los continuos abusos de aquel viejo lo que así yo, era defenderme patéticamente, alzando amenazante mente el martillo de carpintero, la situación era insostenible, cada vez el viejo se crecía mas, ante la poca defensa que yo mostraba por mi parte pero, ¿que podía hacer?
Todo era inútil. Hasta que sucedió, ese día llegó demasiado lejos. Me amenazó con echarme si no le chupaba la polla.- ¿podéis imaginároslo? aquel cerdo hijo de mil putas me iba a correr si no se la mamaba, me sentí furioso ¿Cuánto un hombre podía aguantar? pero… necesitaba aquel jodido trabajo la cosa de curro estaba muy mala y no quería verme tirado como un perro en la calle-.
No tenía más opción que aquella, así que me arrodillé ante él cual cristiano ante la imagen de un santo. El asqueroso viejo se bajo los pantalones junto a sus mugrientos calzoncillos. Casi vomito al verlo, aquella pequeña polla flácida, negrusca sucia y apestosa. Comencé a chapársela tragándome las nauseas y de paso mi joven orgullo, todo ello mientras el viejo se moría de gusto, comencé a llorar ahogando mi impotente odio por aquella carroña humana.
Y lo peor, no era aquel asqueroso momento sino el pensar, que se había salido con la suya y que no sería la última vez, pues nuestra voluntad es como un muro que una vez derribado es muy difícil, por no decir imposible volver a levantar. Pensar en ello era insoportable, creo que fue ese el motivo por el que me dio por apretar con furia los dientes, seccionándole la polla a mi jefe. Mis labios estaban chorreantes de sangre, y el viejo no paraba de gritar de dolor, le escupí a su cara gritona y roja como un tomate, el trazó de verga que aun apretaban mis dientes, eso parece que lo desato y me llamo de todo, decididamente aquel viejo era un grosero. Y es que aun con media polla menos el jodido viejo no paraba con sus improperios como <<¡¡Maricón de mierda, Cabrón!!>> Y otras lindezas por aquel estilo. (Pues que otra cosa podía decir un viejo ignorante como aquel).
Por otra parte visto con mis ojos, los ojos de un chico que a sufrido los abusos de aquella sabandija que ahora mutilada, no paraba de gritar y llorar, he de deciros que me pareció una imagen divina y sus gritos de dolor la mas bella sinfonía. Y no se lo que fue, quizás las ansias de venganza la idea de convertirme de victima a verdugo, de hacerlo sufrir en nombre de todas las victimas de los malos tratos, convertirlo en un chivo expiatorio y hacer que pagara por todos los que son como él, y que tanto daño a hecho a este jodido mundo. Por ello viendo al viejo a mi merced en esa estampa, de rodillas con los pantalones caídos, y con sus manos tapando su sangrante entre pierna no me pude contener.
-Pronto-le dije- dejaras de llorar, ¿no querías que te la chupara? , pues felicidades, jefe, le acaba de tocar el premio gordo, ¡le voy a follar! no llore hombre se que lo esta deseando.-
Dicho esto y sin pensarlo dos veces cogí mi martillo de carpintero y con toda la fuerza de mi juventud, le golpeé la calva cabeza, justo al lado de la coronilla, antes de llegar al cogote. Le di con el lado puntiagudo de dicho martillo, haciéndole un agujero casi redondo del tamaño de una moneda de diez duros.
Miré la herida sanguinolenta con los restos del cráneo quebrados hacia dentro. El viejo ya no gritaba solo era un monigote con ridículas convulsiones. Dejé un momento al viejo y fui por unas tenazas que descansaban olvidadas en la mesa de trabajo. Volví al viejo y con ayuda de la nueva herramienta con toda calma y escrupulosamente empecé a arrancar y a retirar los trozos de hueso quebrado además de agrandar regodear el sangrante boquete. Haciendo aquello me puse muy cachondo, y mi polla respondió de forma sorprendente, pues la idea que me rondaba ahora mi macabra y perversa imaginación me había provocado una erección de caballo.
Redondeada ya la herida chorreante y despejada la entrada de todo objeto molesto. Me saque la polla de mi abultada bragueta, me la sacudí un poco y comencé a introducirle veinte centímetros de carne joven en el viejo cráneo moribundo. Estaba caliente y pringoso una especie de papilla rosácea comenzó, a derramarse pringándome los huevos, los muslos y el pubis.
A golpe de polla contemplaba como los ojos del viejo se ponían en blanco he intentaban, salirse de sus orbitas, mientras la boca se abría y cerraba a cada embestida, como haciendo un burdo intento por lanzar un grito. Mientras el resto del cuerpo continuaba convulsionándose patéticamente.
No paré hasta correrme dentro de su cráneo inundando, su cerebro machacado, y hecho papilla a vergazos. En ese momento el viejo dejo de moverse.
Me sentí terriblemente desilusionado, como un gato que cuando comienza verdaderamente a divertirse con un pobre ratón descubre tristemente que ya lo ha matado, y por tanto el juego ha terminado.
Después de aquello como después de todo buen polvo comencé a liarme un porrito, para fumármelo en honor de aquel “jodido viejo”. Y como dije en un principio y lo repito nunca creí que un acto tan cruel como el asesinato pudiera producirme tanto deleite, y si no lo creen así ¿Por qué no lo prueban?
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JOSE MARIA MANTEL GARCÍA
mantel1@hotmail.es
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