|
La Era de
la Oscuridad
HPor Henry Mendiburu D.
Cae la
lluvia, ya no crece el pasto, el sonido de los truenos
parece hacer estallar las rocas, estoy solo
deambulando sin rumbo, todo es negro y tétrico, de
tiempo en tiempo un relámpago me recuerda lo que era
la luz.
Tengo miedo de dirigirme a cualquier lado, pero sé que
debo avanzar, sé que si permanezco donde estoy no
duraré entero mucho tiempo. A cada paso que doy siento
como el suelo se hunde tratando de succionarme, a
ratos es inútil tratar de saber que hay alrededor,
solo se distinguen sombras negras y bultos más negros.
Sé que he llegado a mi destino, lo puedo percibir por
el viento que golpea mi rostro, estoy parado al borde
de la montaña donde se origino todo este desastre.
Todo sucedió hace poco más de dos semana, este lugar
albergaba algo más que grandes árboles y una extensa
pradera, también estaba esta montaña, y en su interior
algo tan fascinante como terrorífico.
Era mediodía, cuando de pronto la tierra empezó a
templar, millones de diminutas partículas brillantes
empezaron a emanar de la montaña con dirección al
cielo, en pocos minutos se habían convertido en
enormes burbujas multicolor, habían invadido tanto el
cielo como la tierra, era el espectáculo más
extraordinario que la mente humana podría soportar,
parecían danzar
sincronizadamente al compás de una suave melodía
entonada por el viento.
La gente, con la mirada fija en el espectáculo, quedo
hipnotizada ante semejante belleza, sin poder advertir
la extraña mancha oscura que crecía bajo sus píes. De
pronto el día se torno en noche y la belleza de la luz
trajo consigo una siniestra oscuridad que se expandía
más y más a cada instante.
En ese momento mire a los costados, mis ojos no podían
distinguir bien, pero sé que lo vi, la gente se estaba
convirtiendo en una especie de masa gelatinosa cuya
silueta se fusionaba con el tétrico y descolorido
paisaje, sus sonrisas se deformaban y daban la
impresión de derretirse.
No sabía que estaba pasando exactamente, y tampoco
podía comprender porque este fenómeno no me ocurría a
mí también, acaso el poder de la oscuridad no tendría
efecto sobre mí.
Aún podía distinguir algunas porciones de cielo azul a
lo lejos, y a esas luces revoloteando en su interior,
de repente empecé a sentir como dejaba de circular
sangre por mis venas, era muy difícil seguir
respirando, sentí que no podía apartar la vista del
cielo, entendí que era mi momento de ser absorbido.
Antes de perder el conocimiento pude ver a las últimas
burbujas multicolor descender del cielo a toda
velocidad para estrellarse contra mi cuerpo. No sé
cuanto tiempo haya permanecido inconsciente, solo
recuerdo que desperté
totalmente asustado, no podía ver nada a mi alrededor,
primero pensé que estaba ciego, luego recordé lo
sucedido y empecé a correr en cualquier dirección.
Alguna clase de criatura extraña me perseguía, podía
sentir sus pasos tras los míos, su aliento era helado,
tanto que podría atravesar mi cuerpo y congelar mi
sangre, aunque sentía como si careciera de ella, no
había comido nada en días, el aire es casi un veneno
mortal, pero parece que tales cosas no me afectaban en
lo absoluto.
Había corrido tratando de escapar de la oscuridad,
pero siempre regresaba a la misma montaña, trataba de
escapar, alejarme de ella, pero siempre terminaba en
el mismo lugar. La última ocasión que estuve aquí, no
huí como las veces anteriores, estaba decidido a
cambiar mi destino, aquel sitio no me dejaba escapar,
pero estaba dispuesto a hacer todo lo posible para
destruir dicha maldición, así que escalé la montaña.
El ascenso no fue nada difícil, las rocas penetraban
mis manos fácilmente, como si filosas dagas
acuchillaran el agua, sin embargo el dolor era
inexistente, cuando llegué a la cima estaba lleno de
odio, solo pensaba en la impotencia de no poder hacer
nada para acabar con esta oscuridad; en ese momento la
criatura que me perseguía apareció abruptamente
lanzándose velozmente sobre mí, tenía grandes ojos
rojos y largos colmillos, era lo único que podía
distinguir en medio de la oscuridad.
Me arrojó al suelo y sujetó fuertemente, con sus
garras arrancó mis ojos y los engulló rápidamente,
luego de eso, introdujo sus garras nuevamente por mi
cabeza pero más profundo esta vez, sentí como mi
cerebro era extirpado en pequeños trozos, el dolor era
grande pero muy satisfactorio a la vez, en ese momento
comprendí que no podía morir porque ya lo estaba, el
odio dentro de mí me hizo levantarme y como un acto
reflejo grite tan fuerte como pude, la criatura se
contorsionaba alocadamente hasta terminar arrancándose
los oídos con sus propias garras, para luego caer y
rodar montaña abajo, aunque carente de ojos pude ver
perfectamente lo sucedido, como si estuviera en medio
de una noche de luna llena.
Parado en la cima de la montaña podía contemplar el
tétrico y lúgubre paisaje, podía ver a kilómetros como
las mismas criaturas asechaban y luego devoraban a la
gente que aún existía. El placer que sentía al ver sus
cuerpos retorcerse de
dolor era incontrolable, tanto que mi paladar me
exigía convertirme en una de esas siniestras
criaturas.
Descendí la montaña y me dirigí donde yacía agonizante
la criatura que me atacó, desesperado empecé a
despedazar y devorar sus órganos, mi locura no terminó
hasta no dejar nada de él. Luego, muchos humanos
siguieron mi ejemplo,
y empezaron a engullir tanto organismo "vivo" se
cruzara en su camino. A veces aparece una de las
criaturas como la que me atacó, pero no duran mucho,
son devorados fácilmente, ilusos!!, habían despertado
de su sueño y liberado la oscuridad para poder
alimentarse de nuestros cuerpos, creyeron que
cubriendo de tinieblas el mundo sería suyo.
Nuevamente he regresado a la cima de esta montaña,
puedo ver claramente todo a mi alrededor, tanta muerte
y destrucción me hipnotiza y me da fuerza para no
morir jamás, Este lugar se considera tierra sagrada,
todos suben a admirar la
inmaculada belleza de la desolación, así como yo,
también otros son atraídos por el esplendor de esta
sombría y tenebrosa vista, es el lugar perfecto para
nutrirme y saciar mis ansias de sangre, solo es
cuestión de esperar oculto y pronto un incauto se
convertirá en mi cena.
El mundo esta cubierto de oscuridad y gritos de dolor,
todos saben que están muertos, ya casi nadie recuerda
lo que era la luz, una nueva era ha comenzado para la
humanidad, la luz nos mantuvo con vida, pero ahora la
oscuridad nos mantendrá inmortales.
|