|
Cartas al
Diablo
Por
Disorder
adversarius666@hotmail.com
"Whispering
voices, summoning screams
Waiting for Satan to bless their sins..."
Dimmu
Borgir
Querido
Satán:
No se por qué estoy haciendo esto, lo único que tengo
claro es que… me apetece, me sale de dentro, así que
vas a tener que escucharme.
Los años pasan, ¿Té das cuenta ? Poco a poco, casi ni
te enteras, pero un buen día te paras a pensarlo y te
percatas de que ya no eres aquel niño, (¿recuerdas ?
ese que decía tantas tonterías) ; y de que las cosas
se van complicando. Bueno, esto no es del todo cierto
: siempre han sido difíciles, pero de niño no las
entiendes y por lo tanto no te preocupan. Y entonces
llega ese día y al hacer balance ves que se te han
acumulado un montón de preguntas sin respuesta, de
consecuencias sin causa, y de causas sin sentido. Y
sabes que tienes que seguir creciendo con todo eso,
porque es evidente que no vas a encontrar las
soluciones a esos cabos sueltos, y tampoco te las va a
decir nadie. (Probablemente porque no existen). Y así
es como llegamos a un punto en que esta cosa redonda
que flota en el espacio, se encuentra de pronto llena
de gente a la que parece importarle una mierda que nos
estemos matando unos a otros, que otros miembros de la
especie no tengan ni para malvivir o que estemos
roiendo poco a poco el mismo suelo que nos aguanta.
Por eso creo que Dios ha muerto.
Pero a alguien habrá que echarle la culpa, así que yo
me he decidido por volcar mi odio sobre el resto de su
obscena creación. Sí, creación con minúsculas, porque
no es más que una pequeña chapuza a la que dio cuerda
para luego olvidarse de ella mientras él se sentaba a
agonizar.
Odio, luego existo ; odio a los responsables de mi
existencia ; y a todos los que se atreven a crear más
máquinas de sufrir ; y odio a todo lo creado,
incluidos tú y yo. ¿O es que creías estar por encima
de toda esta mierda ? Tú, al igual que yo, no eres
nada por ti mismo, y eso, querido Satán, es lo que nos
corroe por dentro. ¿No es verdad ?
Claro que sí.
Espero que te haya agradado que alguien se haya
acordado de ti en serio, sin tanta chorrada de
película barata, pero por hoy esto se ha acabado. Ya
volveré a contarte más cosas, después de todo somos
almas gemelas.
Hasta pronto.
Caín.
* * *
Su mirada se deslizó sobre las últimas palabras y, al
finalizar, apagó el ordenador. Tenía diecinueve años,
el pelo castaño y largo y los ojos negros. Pero no
tenía nombre.
Se dejó caer sobre la cama de su habitación, los
brazos extendidos y los ojos perdidos en la nada. No
es que estuviera cansado, y ni siquiera estaba
pensando : simplemente estaba ahí, disfrutando del
silencio. Al fin y al cabo eran pocas las ocasiones en
las que la casa estaba vacía, sin padres ni hermanos,
sin la necesidad de subir el volumen de la música para
ahogar sus voces y para fingir que estaba sólo, y que
no había nadie cerca de él.
Decidió que sería mejor salir de casa antes de que
llegara alguien, así que se levantó, se puso la
cazadora y se "enchufó" el walkman : pronto, la música
de Emperor amenazaba su cerebro a una velocidad que
expresaba a la perfección la rabia que sentía.
Tras bajar seis pisos por las escaleras, (odiaba el
ascensor), el aire frío de la calle inundando sus
pulmones le sentó como una bofetada en la cara.
"Aquí estás. Y estás vivo, ¿recuerdas ?"
No era un típico día de invierno : el cielo estaba
despejado y, aunque soplaba un suave aire fresco, la
temperatura era agradable.
Cuando salió de Rekalde a Autonomía, se le ocurrió que
hacía mucho que no visitaba "el parque de los patos",
y como le pareció que el tiempo era propicio, empezó a
bajar por Gregorio de la Revilla caminando como un
cuerpo sin mente : la mirada perdida, ajeno al ruido
del tráfico y de la gente, aislado de todo como si
fuera simplemente la proyección de un ser que no es de
este mundo y al que todos pueden ver aunque él no vea
a los demás.
Pasear por el parque era como hacerlo en algún lugar a
miles de kilómetros de Bilbao, no tenía nada que ver
con la ciudad. Se notaba la ausencia de esa rutina
callejera de todos los días de la que él trataba de
huir : sin furgonetas descargando en los almacenes, ni
gente que va y viene del trabajo o la escuela, sin las
voces más que conocidas de los mecánicos del taller
sobre el que vivía y, sobretodo, sin ruidos de motores
ni cláxons. Era como ese "tómate un respiro" que decía
el anuncio de televisión.
Pulsó el botón de "stop" en el walkman y encontró el
silencio casi perfecto. Sólo le molestaban las voces
de dos niños que jugaban junto a un estanque. Niños
inocentes, como lo fue él tiempo atrás.
"Debería estar vacío. Debería ser todo para mi."
Pero los niños seguían allí, felices, sin saber que
molestaban a alguien. Y seguramente tampoco se habrían
preocupado de haberlo sabido.
Él se sentó en un banco y encendió un cigarro.
Entonces recordó algo, se llevó la mano al bolsillo y
sacó de el un papel doblado varias veces. Empezó a
leer.
* * *
Querido Satán :
Ya te dije que volvería, ¿o es que pensabas que
rechazaría la tentación de desahogarme contigo? Ya ves
que no.
Hace poco te conté lo que pienso de esta mierda de
existencia, y también te hablé del profundo odio que
siento contra nada en concreto, y todo en general :
este era el contenido de mi primera carta. ¿Te gustó ?
Me pregunto si en realidad te interesa, si te das
cuenta de que me estoy dirigiendo a ti, si sabes quien
soy yo. ¿Sabes mi nombre ? Seguro que sí. Yo lo odio.
Los que me conocen saben que no deben llamarme por mi
nombre, porque me pongo muy nervioso, y esa gente que
dicen ser mis amigos, simplemente se dirigen a mí como
"Tú". Pero me gusta firmar como Caín, el asesino de su
hermano. ¿No es perfecto para mí? Yo, que tanto odio
siento para los que son como yo. Yo, Caín.
Si estás leyendo esto, ya te habrás dado cuenta de que
soy diferente de las demás personas. ¿Tengo yo la
culpa de ello ? Pero ya estoy presuponiendo que hay un
culpable y eso no es cierto : ser diferente no es
malo, aunque haya tantos que lo crean. Esa gente atada
a su actitud convencional, moral convencional y
aspecto convencional, solo tiene miedo de que se pueda
cambiar aquello en lo que han creído firmemente
durante toda su vida. Algunos se refugian en la
iglesia y rezan. A la mierda con la Iglesia, a la
mierda con el Papa. No pueden hacer volver a Dios por
mucho que quieran, y desde luego no con esos
argumentos : ¿qué es eso de que iré al infierno si me
pongo una goma? Seguro que el infierno está vacío, ¿a
qué si ? Por que ya no hay dios que mande a nadie
allí. La iglesia no tiene poder sin un respeto
irracional hacia un Dios muerto de quien cada vez más
gente se ríe a la cara. Aunque también están los
típicos curas "curas progres" que con sus sermones
parecen decir : "JESUCRISTO S.A., este es mi negocio".
A la mierda con todos ellos, y a la mierda contigo
también, querido Satán, ¿o es que creías que ibas a
venderme tu propio producto?
Ah, bueno.
¿Sabes? Cada día que pasa estoy un poco más orgulloso
de lo que soy, de lo que he hecho de mi mismo. Y lo
que más me gusta es sentirme alejado de todo lo que
detesto, aunque la mayoría de la humanidad no tiene el
suficiente cerebro para entenderlo, o más bien la
suficiente personalidad. Una personalidad propia,
quiero decir. Porque lo que poseen es una personalidad
común, compartida : visten lo que viste la mayoría,
escuchan lo que escucha la mayoría, y en general les
gusta lo que a la mayoría le gusta: el convenio
secreto de los borregos. ¿Secreto ? No. En realidad es
un acuerdo obvio, pero reconocerlo sería absurdo.
Bueno, creo que por hoy es suficiente. Con todas las
cosas que te estoy contando ya te iras haciendo una
idea sobre mi. No sé si te caeré bien o no, pero no
hay nadie más a quien pueda hablarle de estas cosas y
sé que tú eres el único que me entiende…
Hasta la próxima.
Caín.
* * *
Al terminar, se quedó un tiempo pensando sobre lo que
había leído, como alelado. Después reaccionó y se dio
cuenta de que había perdido la noción del tiempo : ya
casi no había luz diurna y, al mirar a su alrededor,
vio que los niños se habían ido ; estaba solo.
Dobló la hoja de papel y la guardó de nuevo en el
bolsillo, tras lo cual, volvió la vista hacia arriba
sin saber muy bien por qué.
Se levantó sin ganas, porque en realidad no le
apetecía abandonar aquella quietud, pero tenía hambre,
así que comenzó a subir lentamente para meterse en las
calles una vez más. Mientras abandonaba la soledad del
parque, la oscuridad sonora de "Anathema" inyectaba un
sentimiento de angustia a través de sus tímpanos, así
que en cierto modo se sintió aliviado al mezclarse con
la gente en la Gran Vía, no por su compañía, (que en
realidad no deseaba), sino por saber que existían más
seres a parte de él capaces de sufrir : el problema
era que la mayor parte del tiempo no se acordaban.
"¿Por qué no sentís el dolor del hombre, de la
creación?"
"¿Por qué?"
De pronto sintió un acceso de rabia, y como si pensara
que con su enfado podría hacer entrar en razón a la
humanidad, se paró de improviso ante un hombre de
cincuenta y muchos años, rechoncho y con aspecto de
transportista, que sujetaba un palillo entre los
dientes. El hombre al principio se quedó quieto
delante del joven que le estaba cortando el paso,
aguardando a que este le preguntase la hora o alguna
indicación.
-¿Sabe que le escribo cartas al diablo?
Los ojos del interrogado se abrieron en un gesto de
sorpresa.
-¿Lo sabe ? -insistió.
Los ojos del interrogado se entrecerraron en un gesto
de desconfianza, y su expresión pasó de la
incomprensión al enfado.
-Pero que dices…
-Digo que le escribo cartas al diablo y no sirve de
nada.
El otro no esperó a ver que más le contaba : con la
furia de alguien a quien se le ha tomado el pelo, se
alejó del lugar convencido de haber sido víctima de
las burlas de un gamberro.
"Te vas a reír de tu puta madre".
Él siguió su camino como si nada hubiera ocurrido,
deslizándose entre los transeúntes mientras sus pasos
se aceleraban a medida que sus pensamientos hacían lo
propio al ritmo de su desesperación, inconsciente de
que sus dientes estaban prietos al igual que sus
puños. La gente con la que se cruzaba se alejaba
perceptiblemente cuando llegaba a su altura hasta que,
finalmente, su frenética carrera se detuvo en la Plaza
Circular. Al volver la vista a un lado, se encontró
con dos individuos trajeados junto a un stand ubicado
frente a la fuente. Ellos a su vez se encontraron con
un joven de aspecto informal que les observaba con los
ojos muy abiertos de un loco, pero no dijeron nada. Se
acercó un poco más y observó que el stand estaba
decorado con imágenes religiosas. Cuando ya llevaba
casi un minuto mirando las ilustraciones, uno de los
otros dos se dirigió a él con una sonrisa en el rostro
mientras el otro no le quitaba el ojo de encima con un
gesto de suspicacia.
-Hola, -me llamo Diego.
Diego tenía gafas, un rostro amable y un acento que no
supo identificar, aunque supuso que era americano.
-Hola, -respondió.
-¿Te interesa ? -preguntó mientras señalaba los
dibujos con un movimiento de su cabeza.
-Pues no lo sé.
-¿Sabes quienes somos ?
-No estoy seguro.
-Somos miembros de la Iglesia de los Santos del Último
Día.
El silencio del joven resultó significativo.
-Tal vez nos conozcas como "Mormones" -explicó Diego
en un tono igual de afable que antes, aunque ahora su
expresión era de resignación.
-Ah, sí… ¿y qué haceis ?
-Le hablamos de Dios a la gente, no tratamos de
convencer a nadie de nada, simplemente hablamos de
Dios.
-Ya… pues yo creo que dios ha muerto.
-¿Por qué piensas eso ? -se interesó Diego.
-Porque le maté yo -sentenció.
Tras decir esto no esperó a ver la cara de su
interlocutor, simplemente se alejó de allí sin
demasiada prisa.
* * *
Era de noche y caminaba sin rumbo. Pronto, se encontró
en medio de la calzada de una callejuela sombría,
triste y completamente vacía en la zona de Atxuri.
Solo había una farola que parpadeaba constantemente,
pero sin seguir ningún ritmo concreto. Desde que había
salido de casa había soplado un suave aire fresco,
pero en aquel lugar no había la más mínima brisa, como
si el tiempo se hubiera detenido. Mientras pensaba
esto, la iluminación se apagó del todo durante un
intervalo, más largo de lo normal, y cuando volvió a
encenderse, la escena le pareció grotesca: frente a
él, también en el centro de la calle, y a unos ocho
metros de distancia, había un hombre viejo y gordo con
barba, vestido con ropa gastada y sucia, como un
vagabundo. Sujetaba con una correa uno de esos perros
pequeños y cursis a los que se puede matar de una
patada. Ambos se miraron fijamente, sin moverse del
lugar en el que estaban, como si se tratara de la
escena del duelo en una película del oeste. El
silencio continuó durante unos tensos segundos hasta
que el joven se decidió a abrir las hostilidades.
-Hola -dijo él.
-Hola -dijo el viejo.
-Hola -dijo el perro.
De nuevo volvió la calma en un tiempo en el que los
rostros de los tres contertulios estaban completamente
impasibles mientras tres pares de ojos se movían como
si estuvieran tratando sin palabras sobre algún asunto
mortalmente serio.
-Hijo mío -empezó el viejo-, ¿sabes que el mundo está
mal montado ?
-¿Lo sabes ? -preguntó el perro.
-Lo sé -afirmó él.
-Lo sabe -concluyó el perro.
El viejo asintió con la cabeza y luego se despidió.
-Adiós.
-Adiós.
-Adiós.
La farola se apagó una vez más y esta vez no volvió a
encenderse. Dio media vuelta y empezó a desandar sus
pasos mientras pensaba en que llevaba toda la tarde
con la intención de comer algo, pero sorprendentemente
se había limitado a vagar a la deriva por Bilbao.
* * *
No llevaba el reloj, así que no sabía que hora, era
pero tampoco le importaba. En su casa se habían
acostumbrado a verle aparecer y desaparecer como si el
tiempo no significase nada para él, y así era : odiaba
tener que depender de horario alguno, por lo que
pronto se había hecho a la rutina de encontrarse sólo
ante su plato ya frío sobre la mesa, y su familia se
había resignado a verle poco o nada al cabo del día,
ya que invertía casi todo su tiempo encerrado en su
habitación, enredando con el ordenador y escuchando
música. Hoy no sería diferente : para cuando llegara
estarían todos dormidos, devoraría la cena helada y
después se sumergería en la tenebrosa atmósfera de "Blood
Divine" hasta cerca del amanecer. Quizás se
despertaría para la hora de comer.
De tanto pensar en la comida, el hambre que sentía se
había intensificado considerablemente y supo que no
podía ignorar la petición que su estómago le hacía. No
aguantaría hasta llegar a casa, de ninguna manera.
El bar le pareció tan bueno como cualquier otro para
comer un par de pinchos de tortilla. Para él era tan
importante lo que veía como lo que oía, y lo que oía
era Rock de los 60 : "The Doors". Sintió que era justo
lo que le apetecía, así que no se lo pensó dos veces y
entró mientras Jim Morrison berreaba en una versión en
vivo del "Rodhouse Blues". Al mismo tiempo que
avanzaba hacia la barra sus ojos danzaron examinando
cada ejemplar de la escasa clientela. Lo primero que
le sorprendió fue ver a Diego, el mormón, que no
levantaba los ojos de su plato combinado, a la vez que
engullía su contenido sin dar señales de haberse
percatado de su presencia. En otra mesa había una
pareja que bebía cerveza, el le susurraba algo al oído
y ella le sonreía de forma empalagosa.
-Ponme uno de esos y una "coca-cola".
La camarera no tenía precisamente unas medidas
perfectas, pero su rostro la hacía parecer una persona
agradable. Con su pelo rizado castaño oscuro le
recordaba mucho a una chica que había estudiado en su
clase. Iba a preguntarle como se llamaba, pero luego
decidió que no le importaba.
-Hoy te toca cerrar a ti -dijo un tipo de treinta y
tantos que salió de pronto de la cocina.
-Ya se… Oye, acuérdate de decirle a David lo de las
cintas.
-Tranquila, me lo he apuntado en la mano, ¿ves ?
-Eres el mejor. Bueno, hasta mañana -se despidió ella.
-Que va, mañana libro, ¿recuerdas ?
-Es verdad… Pues nada, hasta el sábado.
-Venga…
El hombre salió del local sin notar que uno de los
clientes le seguía con la vista. No le había gustado
el hecho de saber que había habido alguien tan cerca
de él sin que se hubiera dado cuenta : le hacía
sentirse inseguro. No, no le había gustado nada.
Pero le encantaba cuando el ritmo se aceleraba
repentinamente en "The end", esa parte siempre le
ponía la carne de gallina, no podía evitarlo.
Iba a pedir algo más de comer, pero cambió de idea :
sacó el "Smith & Weason" y disparó contra la camarera,
cuyo cuerpo fue proyectado contra la pared. La sangre
y la materia gris se dispersaron sobre las botellas
alineadas en las baldas justo antes de que cayeran al
suelo estrepitosamente, arrastradas por el cuerpo de
la chica que se desplomaba. Quedó tendida en el suelo
con la cabeza vuelta hacia a un lado, de manera que no
podía verle el rostro desde donde él estaba, y eso le
ponía nervioso porque ansiaba ver que cara se le había
quedado : el reflejo de su último pensamiento.
Entonces se acordó de los demás y se volvió
lentamente. Nadie había osado hacer un movimiento
mientras él examinaba su obra, y ahora ellos seguían
allí como si se tratara de una imagen congelada. Diego
aún tenía el tenedor en la mano y la boca llena de
comida que ni siquiera se atrevía a masticar. La chica
estaba como en shock, su mirada estaba diciendo a
gritos que su mente ya no se encontraba allí, mientras
su novio era demasiado consciente de lo que estaba
ocurriendo : la mandíbula le temblaba y sus ojos iban
de aquí para allá, como buscando la salida más
próxima. Así que a él no le sorprendió mucho cuando se
levantó precipitadamente de su silla corriendo hacia
la puerta. Levantó el revólver y apuntó. La bala le
dio en el muslo y debió romper alguna arteria, porque
la sangre empezó a manar a borbotones.
A Diego se le cayó el tenedor y el ruido llegó a sus
oídos aunque en su mente se reprodujo muy lentamente,
como si proviniera de un cassette al que se le acaban
las pilas.
En el suelo se estaba formando un charco que parecía
estar ayudando al herido a seguir arrastrándose hacia
la calle, usando los brazos y la pierna sana, dejando
un rastro marcado por las huellas rojas que dejaban
sus manos sobre el suelo. El joven caminó
tranquilamente hacia su víctima para detener su
patético avance colocándole la bota sobre la herida.
El otro no pudo reprimir un grito que se apagó en seco
cuando sintió el cañón del arma sobre su nuca. Fue lo
último que sintió.
Estaba un poco molesto, porque se había puesto
demasiado cerca y le había salpicado. No parecía
contento cuando se sentó a la mesa de Diego, dejando
la pistola sobre esta. Con dos dedos y un gesto de
repugnancia empezó a despegarse despreocupadamente
pedacitos viscosos de la cazadora.
-Qué, Diego… -dijo sin dejar de examinar la operación
que estaba realizando-. ¿Cómo está tu dios ?
-Diosestámuertodiosestámuertodiosestá…
-Oh, vaya. Cuanto lo siento. El otro día parecía tan
sano…
Diego no abrió la boca.
-¿Pero qué pasa contigo? ¿Es que no tienes
personalidad ? ¿Vas a renegar de tu dios solo porque
he matado a dos personas? -hizo una pausa-. Mira,
¿sabes por qué lo he dejado encima de la mesa?
Diego se limitó a mover la cabeza hacia los lados.
-CONTÉSTAME -gritó-, ¿SABES POR QUÉ LO HE DEJADO
ENCIMA DE LA MESA?
-No.
-PORQUE QUIERO QUE LO COJAS.
Diego tomó torpemente el revólver entre sus manos, sin
saber cómo sostenerlo, y el otro pareció calmarse casi
al instante.
-Ahora vamos a ver si tu puta fe en tu puta religión
es tan fuerte como le dices a la gente. Coloca el dedo
en el gatillo y apúntame.
Hizo lo que se le ordenaba.
-Dispara.
No sucedió nada.
-He dicho que dispares. Si tu no me matas yo te mataré
a ti.
La otra superviviente pareció salir de su trance y se
puso a gritarle al "hijo de puta imbécil que apretase
el gatillo de una vez".
-DISPARA -ordenó el asesino una vez más.
Y disparó.
Disparó tres veces con los ojos cerrados, y los abrió
la cuarta y la quinta porque un sonido metálico le
indicó que se había quedado sin balas. Pero tres veces
fueron suficiente : cuando se atrevió a mirar vio que
el psicópata estaba en el suelo y sus ropas se teñían
de rojo muy rápidamente. Mientras agonizaba, se llevó
una mano temblorosa al bolsillo y a duras penas
consiguió sacar de este un papel que manchó en seguida
con su sangre. Lo desdobló y se obligó a si mismo a
levantar la cabeza que hasta entonces había estado
mirando al techo.
Comenzó a leer.
A medida que avanzaba, lentamente, palabra a palabra,
en su faz iba apareciendo una mueca que revelaba el
horror que sentía. Cuando terminó dejó caer la cabeza,
y murió con un trozo de papel en la mano y un hilillo
rojizo que manaba de su boca.
* * *
Querido Caín :
Ha sido un placer tratar contigo, es evidente que
tenemos muchas cosas en común. Comparto contigo esa
opinión sobre esa desidiosa despreocupación de la que
el Creador hace gala ante todo lo que se refiere a su
Obra, y asimismo, también estoy de acuerdo en eso que
me decías sobre la hipocresía de la Iglesia.
Sin embargo también expones un par de ideas en las que
no puedo evitar mostrar mi desacuerdo.
En primer lugar, te diré que no eres el único que se
acuerda de mi, aunque si uno de los pocos que lo hace
de una forma tan directa. Si no me crees, no tienes
más que pensar una vez más en todos esos desastres de
la humanidad que describes en tu primera carta :
hambres, guerras, destrucción del planeta… ¿O no son
estos males causados por el hombre ? Y permíteme que
ponga énfasis en lo de MAL y en lo de HOMBRE.
Por otra parte, disculpa que te discuta eso de que no
voy a venderte mi propio producto : no puedo menos que
sentirme ofendido leyendo cómo me comparas con un
vulgar vendedor de seguros. Espero que me entiendas
bien si te digo que yo no necesito venderte nada.
Digamos que se trata de un regalo que tú ya habías
aceptado.
En cuanto a esas "chorradas de película barata" a las
que te refieres, voy a decirte que si bien las viejas
tradiciones se están perdiendo, un par de velas negras
y un ritual de invocación tienen su encanto y nunca
están de más. Y sin más me despido, después de todo
pronto podremos debatir largo y tendido sobre estos
temas y tú podrás comprobar qué quizás el infierno no
está tan vacío como piensas.
Hasta ahora mismo.
Ya Sabes Quien.
|