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La Historia del Doctor Leonidas Echeverria
Al ir poco a poco internándome en los pabellones del psiquiátrico local y palpar casi como una sensación física el dolor y el abandono que ahí podía prácticamente respirarse, iba un tanto nervioso al ver que ya no tardaría en dar con la celda que hacía de escritorio en ese lugar y tendría mi entrevista con el doctor Leonidas Echeverria, hasta hacía unos meses verdadera eminencia en muchos campos médicos y que actualmente se pudría en este hospital.
Caso atípico como pocos, me había costado semanas de sobar espaldas, mover influencias y porque no decirlo pagar algunos sobornos para poder tener acceso a media hora con él, ya veía al guardia que me esperaba para hacerme pasar, palpe mi vieja y confiable grabadora siempre en los bolsillos de mis chaquetas, mire de reojo las notas de preguntas preparadas, revise mi provisión de cigarrillos y apure el paso, ya se habían ido como siempre los nervios al verme a segundos de emprender mi trabajo y ahora solo el apuro por ejercerlo me empujaba hacía mi entrevista.
El doctor me esperaba correctamente vestido de traje y corbata, miro con gesto torvo al guardia al saludarnos y este gruño y se retiro no sin antes advertirme que solo tenía media hora (cosa que ya sabía) y que cualquier cosa que sucediera que le gritara y que el con el mayor de los gustos ( y esto lo dijo sonriente y acariciando su macana de madera) vendría en mi auxilio, al retirarse al fin , el doctor sonrió y me ofreció asiento, aceptando encantado unos de mis cigarrillos, lo que reprodujo después mi grabadora, comenzó con estas palabras del doctor.
“Hoy en día mi querido periodista, la gante le tiene mucho miedo a la muerte por un lado, y demasiado aprecio a la vida por otro..., por miserable y dolorosa que esta sea, y personalmente creo que esta manera de ver las cosas es una tontería, en otros tiempos de la humanidad, hasta por cosas de “honor” se terminaba con una vida o miles, yo, que durante años la vi, cara a cara, tan de cerca que llegue prontamente a la conclusión que no es nada más que la “paz”, la verdadera paz para el ser humano..., ya se que mis colegas psiquiatras o los psicoanalistas me dirán que nada nuevo digo al hacer estas afirmaciones, y créame que se y conozco la teoría del Thánatos y el Eros y créame también que nada tengo yo que ver en eso, ellos se refieren a teorías psicológicas, yo hablo con la certeza de la práctica, de ver y presenciar la muerte todos los días”.
“ Esto también por supuesto corre para “nuestros hermanos menores” como decía un santo de estas tierras, es decir, los animales también obtienen su “liberación del sufrimiento” mediante la muerte, es para mi increíble que los seres humanos contemplen las facciones tanto humanas como de los animales cuando están muertos y se horroricen, cuando el rictus de paz eterna con que se adorna sus rostros es de paz completa, ahí ya no abra más dolor, nunca más sufrimiento alguno, nuca más preocupaciones de cualquier índole, solamente el tan bien expresado en estas palabras, el descanso eterno”.
“Debo decirle mi querido periodista que yo desde mi adolescencia que emprendí este noble camino de traerles paz a quienes sufren, y debo decir aquí, que es en este punto donde diferimos el ser moderno y yo, el trata de evitar por todos los medios a su disposición su deceso..., yo al contrario, trataba de apurarlo, cuando veía el sufrimiento en los ojos y cara de los tantos y tantos seres que ayude a lograr su paz, muchos arrastraban o una vida de sufrimientos, o muchos años de dolor por enfermedades tanto del cuerpo como del alma”.
“Fue así que bajo este “prisma”, bajo el influjo de esta si se quiere “filosofía” o manera de sentir y ver el mundo, fue que di el descanso eterno de sus pesares a muchos perros vagabundos, varios de los cuales estaban tan mal, era tan horrible su situación en esta vida que al más duro le inspiraría una lastima hasta la lagrimas, lo mismo me producían los tantos perros sarnosos e hirvientes en garrapatas que cada tanto me topa por las calles de la ciudad, a veces por peleas con otros canes, quedaban en malísimas condiciones, también los atropellos les condenaban a dolores atroces de los cuales yo les liberaba, a veces hasta el hambre era el tirano que les torturaba, y solo con un ligero apretar sus gargantas, o a veces con cualquier bolsa plástica yo lograba su liberación, esas eran las simples “llaves” que yo en esos años usaba para abrirles las puerta del descanso eterno a estos pobres y miserables seres”.
“Fue casi cuando cumplía mis 21 años que tuve la primera oportunidad de brindarle el descanso eterno a un ser humano, en la persona de mi abuela, encontré yo a la primera persona para iniciar la tarea que a dado sentido y orientación a mi vida, , además yo había sido testigo de años de su lento enfermar primero, sufrir después, cuando vi que su suplicio llegaba a ciertos límites del soporte humano del dolor, me decidí a actuar y darle al fin la paz, así una simple “inyección de aire”, es decir, introducir aire a la vena de la persona con una hipodérmica y mi abuela pudo dar el salto del dolor a la paz eterna sin dolor ni enfermedad. Con los años estas acciones puramente compasivas de mi parte a la humanidad fueron la luz que me fue guiando para lograr mis titulo primero de doctor, posteriormente un magíster en medicina, en las mejores universidades por supuesto, me dieron el acceso que siempre desee a quienes necesitaban de mis servicios humanitarios, a todos los dolientes de esta sociedad pensaba entonces, luego..., al mundo, perfeccione métodos eugenésicos tan perfectos que la muerte se convirtió en un dormirse y ya..., ya se estaba en un cerrar de ojos sin dolor alguno, gracias a mis invenciones, sin dolor en el merecido descanso luego de tanto sufrir”.
“Y con los años, llego el día, para mi glorioso, en que ya no podía recordar a cuantas personas había yo ayudado a dejar de sufrir..., y esta sociedad ingrata ahora me castiga..., castiga a mis nobles sentimientos compasivos y me trata de loco y asesino, y me señalan con sus dedos, a mi, ¡a mi!, a quien puso su vida a su servicio..., bestias, ellos no comprenden señor periodista, ¡ayúdeles a entender!, ¡¡ayúdeles a poder entenderme y entender su gravísimo error!! , y ayúdeme también a mi ahora que conoce la verdad de mi historia, cuéntela y trate de que me saquen por ello de este horrible, horrible lugar...” ..., y recuerdo que al verle correr un par de lágrimas por sus ojos, yo mismo sentí una inmensa piedad por el tipo que tenía adelante, más al ver acercarse al guardia de hacía media hora atrás me había traído hasta aquí y recordé de pronto, lo que el tipo por quien yo estaba sintiendo piedad en esos momentos, había hecho durante su vida afuera del hospital, la nausea que sentí por mi mismo, casi me hizo devolver mi almuerzo.
“ ¡¡ Ya, se termino el tiempo de la entrevista!!- dijo casi bramando el tipejo- “¡¡párate de ahí desgraciado, infeliz!! Y te vas nuevamente para adentro, a donde ya no puedes torturar ni matar más gente inocente, engendro del demonio, vas de vuelta con los de más locos asesinos como tu”.
Y partió con ese magíster en medicina a la rastra a las profundices del loquero, no lograba entender muchos aspectos de esta historia, muchas cosas no me cuadraban, y me encontraba sumido en mis contradicciones y movidas de cabeza, cuando una voz me saco de mi ensimismamiento.
“Esta de atar ¿sabe? “, era una voz ronca y me di cuenta que venía de atrás de mi persona.
“¿Perdón?” inquirí.
“Ah, perdone usted joven, es simplemente que cuando veo que el doctor deja a alguien aunque sea en unos minutos de duda sobre su inocencia o sus intenciones, nunca dejo maravillarme por la persuasión que logra, y...bueno, recordarle a la persona en cuestión en estas ocasiones, que es de un loco homicida, asesino en serie al que casi se llega pensar en es inocente, sabiendo uno que al tipo literalmente lo encontraron con muertos debajo de la alfombra, en toda su clínica particular, en diferentes estados de mutilación, es el mayor asesino de la historia moderna creo..., sin contar a algunos dictadores por supuesto, jejejeje”.
Creo que parpadeé un par de veces antes de reír también, aún estaba algo perplejo de cómo el tipo solo de mirarme había detectado mi estado emocional.
“Me presento, mi nombre es Joaquín, soy el psiquiatra en jefe de este lugar”.
Entendiendo un poco más lo que anteriormente me había ocurrido con ese hombre, le di la mano y le dije.
“Mucho gusto, encantado, mire yo soy periodista y conseguí una entrevista con el doctor para un artículo y...”.
“Ya, ya, ya...le diré, si pudo conseguir la autorización, es que es mejor que yo ni me entere quien se la dio, si le parece, le ofrezco que pasemos a tomar un café y así podrá entrevistarme también a mi y podrá hacerse un mejor cuadro del doctor.., digo de mi paciente”, la invitación era demasiado buena para negarme, además era verdad que me serviría de mucho para elaborar mi posterior artículo, así que luego de que entráramos en su elegante y bien adornada oficina, con cada uno de nosotros con un excelente café moka en las manos, realice mi segunda entrevista de ese día, esto es lo que mi fiel grabadora registro en esa ocasión.
“Bien Joaquín, quisiera que me diera más datos sobre el doctor Leonidas Echeverria, como su psiquiatra supongo que podrá ¿verdad?” y sonreí, al ver que también el lo hacía, “Como no mi estimado, encantado, el doctor Leonidas, es, se puede decir sin dudas, un caso típico de psicópata, como dato principal de esto, puedo decir que como es un hecho común en ellos, el doctor comenzó de muy niño a torturar y matar animales, ya entrando en su adolescencia llevaba un buen número de aquellos actos, hemos podido rastrear a familiares y vecinos, algunos empleados de los Echeverria de aquel entonces que corroboran estas afirmaciones, el dice que mataba solo a perros vagos y enfermos, cosa que es falsa, muchos perros solo tuvieron la mala fortuna de cruzarse en su camino un mal o buen día..,dependiendo de cómo lo pasara ese día el doctor..., lo segundo falso que siempre dice es que los mataba por asfixia, cierto que algunos los estrangulaba con sus propias manos a pesar de sus cortos años, tenía la fuerza suficiente para hacerlo, pero eran los menos, nuestras fuentes hablan de muchos perros que fueron encontrados mutilados, cercenados, desangrados, con partes de menos, algunos los quemo, en fin, también sospechamos de que fue por esta época que desarrollo su delirio u obsesión por “brindar paz”, yo creo que es su mecanismo de defensa, su racionalización principal ante lo que él hacía, el en el fondo cree completamente que actuó siempre en pro de este “ideal”, por ello no siente culpa alguna...,como todo buen psicópata, creemos que la serie de libros que en esos años leyó sobre budismo le dieron esta retorcida idea de que mataba para entregar “paz”, el algunas veces se refiere a lo que hizo como producto de la “compasión”, eso es muy budista en si, bueno..., los años que paso matando a estos pobres animales, creemos le dieron cierta habilidad para el cuchillo..., o el bisturí después, y al ser casi un genio en su c.i, le fue fácil lograr su títulos universitarios y si bien el operaba muchas personas, logrando la sublimación freudiana, también es cierto que mataba impunemente, a veces solo basto que usted estornudara delante de el y tuviera cara de culo por un resfrío para que el doctor en su delirio pensara que usted “sufría y pasaba las penas del infierno” y al rato le despachara al otro barrio tan rápido como da uno la luz al entrar a su casa”.
Me encontraba nuevamente atónito, pero esa si era la verdad, lo que el psiquiatra me describía, era el tipo a quien había visto minutos atrás, el mayor asesino en serie de Latinoamérica, un tipo que en 25 años de ejercer la medicina se cree mato a miles..., y esa fue mi pregunta siguiente, lamentablemente, porque de no haberla formulado jamás, creo que aún podría dormir profundamente sin siquiera sospechar que alguien como un médico o tu dentista por ejemplo pudiera matarte a si, sin más, solo porque llevabas ojeras en ese momento .
“¿A cuantos cree usted que llego a matar?
“Oficialmente a unos 280 o quizás 300, a lo más, argumentan que solo se volvió loco homicida al final, según yo, creo que fácilmente unos 25.000..., o más, en sus momentos buenos de terapia..., y esto por favor no lo publique, el da muchos datos, que siempre comprobamos, por eso le sugiero esa cifra, recuerde que era unos de los mejores médicos del país, un tipo que con hacerte rozar una aguja con uno de sus venenos te mataba y muchas veces encima hacía tu autopsia, el no se volvió loco al final de su matanza, lo estaba de años antes, quizás hasta nunca fue muy cuerdo, no pasa día en que no comprobemos unas 50 a 25 muertes del doctor”.
Ahí fue donde se termino la cinta en mi vieja y confiable radio-grabadora portátil, y creo que es mejor que así haya sucedido, los demás detalles que me diera el psiquiatra del manicomio aquel, es mejor que no se guarden en sitio alguno, solo quizás permanezcan mucho tiempo en mi memoria, por ello es bueno no poder volver a oírles.
FIN
Por
Barnabas
alfayaram666@yahoo.es
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