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La Sed...
“....te condeno al vagar eterno, a la sed
eterna...”
Drácula, Bran Stoker.
Mi nombre es Juan Pablo, tengo 34 años y soy (o era)
alcohólico, durante mi vida alcohólica he pasado (o
pase) por psiquíatras, psicólogos, diversas
instituciones que dicen dedicarse a la
“rehabilitación”, y que yo creía (y que confirmara en
la práctica) simplemente se limitan a “beneficiarse” a
ellos mismos, la prueba es que por mucho que lo
intentaron, yo seguí bebiendo igual, solo que con
varios miles menos en mi cuenta bancaria, de hecho el
único quizás gran logro que tuve en “rehabilitación”
fue dejar la cocaína, y eso lo logre yo mismo, es
difícil de explicar, pero a mi me gustaba mucho más
llevar a mis labios un vaso de licor en las mañanas,
que poner una “línea” de coca en mis narices.
Para alguien alcohólico como yo era, el alcohol lo es
(o lo fue) todo, es quien te permite dormite, es quien
te permite emprender un nuevo día, y es quien te
mantiene durante su curso, creo que incluso un
alcohólico puede “funcionar” bastante bien si bebe su
cuota diaria, es cuando falta el gran problema, yo
llegué a beber vinagre con azúcar cuando ya no tenía
nada que beber y eran las 2 am y no lograba dormir, o
a veces mi desayuno era un vaso de vino y pan, repito,
un alcohólico puede funcionar por años así, hasta que
un hecho “x” lo saca de su “rutina alcohólica”, y eso
es generalmente cuando el vicio te pasa la “cuenta”,
si, llega un día en que la resaca es tan grande que ya
no puede uno levantarse un Lunes a trabajar, y se te
disculpa, luego viene el otro, y el otro hasta que ya
pierdes el trabajo, y para consolarte sigues
bebiéndote el poco efectivo que té queda, pronto la
luz y el agua te son cortadas, y llegara el día que tu
gentil arrendatario aparecerá una mañana con la
policía a sacarte a la calle y se quedara con lo poco
que no hayas vendido aún para pagarse algo de tu
deuda.
Y el licor seguirá siendo igual de delicioso, y
mientras puedas seguir deslizándolo por tu garganta
todo seguirá bien, y el hecho que ahora duermas en la
calle, que huelas a establo, que no te cambies ropa en
semanas son solo detalles, mientras el “suave licor,
dulce tormento” este a tu alcance todos los días, se
puede aún seguir viviendo.
La primera noche que pase en la calle, la pase en una
banca de parque, bebí incontables cajas del vino más
barato y pude dormir en aquella dura estructura que
era la banca de un parque donde llegué a pernoctar esa
noche, la segunda noche ya no la sentí tan dura, y a
la semana ya dormía en ella, luego de mi dosis de
vino, como si estuviera en la mejor de las camas, en
esa época no me importaba mi aspecto de mendigo (que
llegue a serlo) ni mi olor corporal, que llego a
espantar a más de alguien cuando estaba de ánimos para
mendigar, no recuerdo muy bien que comía, basuras
supongo, lo que me parecía comestible seguramente
debió de llegar a mi estómago, recuerdo que una vez
que empezaba ya el otoño y yo necesitaba más vino para
no pasar frío, me vi por casualidad en un espejo de
una multi-tienda del centro y no me reconocí en un
principio, el tipo de desmañada e hirsuta barba, de
pelos enmarañados y sucios, vestido con harapos, no me
calzó de buenas a primeras, con el tipo afeitado y
vestido de traje, que recordaba veía siempre por las
mañanas también en un espejo, solo que era un espejo
de baño, al rato de mirarme, sentí sed nuevamente y no
me importo que ya no fuera el tipo que veía tan
atildado y bien vestido por las mañanas, el vagabundo
que veía ahora como mi reflejo, tenía nuevamente sed y
debía ver como satisfacer su necesidad, recuerdo que
dí media vuelta y fui a conseguirme dinero para
comprarme la primera caja de vino barato del día.
Confieso que llegue a robar, más de algún ebrio como
yo, más ebrio si que yo en esos momentos, fue
despojado por mí de sus haberes, también más de alguna
pareja de novios perdió sus relojes y teléfonos
móviles gracias a mi, no me precio de tales actos,
pero quien tiene sobre sí algún vicio que gobierne sus
actos, sabrá disculparme, el entenderá que ya nada a
uno le importa salvo tener algo en metálico para
seguir y seguir hasta la inconsciencia en nuestras
adicciónes.
Y pensar que esa horrible sed de alcohol, se “curo”, o
más bien dicho, se “remplazo” por otra sed más fuerte
y más eterna, la sed de sangre humana.
Llegando ya el invierno, fue una época difícil (y lo
es para todos los que viven en las calles) el frío ya
calaba mis huesos por las noches, y la búsqueda de
maderas o lo que fuera que pudiera encender por las
noches, casi llegó a reemplazar la búsqueda siempi-eterna
de alcohol, simplemente porque si bien yo no podía
vivir sin alcohol, entendía que sin algún calor por
las noches tampoco podría seguir viviendo, y fue una
de esas largas noches de invierno, en que iba
agregando palos, cartones y demáses basuras a mi
pequeña fogata, en que vi por vez primera la figura de
mi señor, casi indistingible de las omnipotentes
sombras de aquellas heladas noches, salvo por ser aún
más obscuro que la noche misma, destacaban su
anacrónico sombrero de copa, y el flamear de su negra
capa, en un principio pense que era otra más de las ya
habituales visiones que el genio “delirum tremens”
cada tanto me enviaba, a veces eran horribles enanos
que se reían de mi, a veces enormes elefantes rosados,
pero al verle sonreír y ver brillar sus ojos rojos
como carbones ardiendo, y ver sus colmillos que se
alargaban hasta lo inverosímil, gemí de miedo, que se
transformo en terror cuando se rió con una risa tan
profunda y maligna que me orine al terminar de oírla,
y que termino en espanto cuando en fracción de
segundos esos largos y ahora comprobaba afilados
colmillos se hundieron en mi poco limpio cuello.
Minutos antes del amanecer, fue cuando mi señor dejó
de succionar mi sangre, luego dejándome como una de
mis botellas vacías, simplemente desapareció, y junto
con él, también desapareció mi consciencia.
Solo salí de la más obscura de las inconsciencias que
recordara, cuando unos tipos vestidos de delantales
blancos, junto a algunos policías subieron mi cuerpo,
deforma no muy cuidadosa debo decir, a un viejo coche,
que me dejo en un lugar que los tipos de delantal
blanco llamaron “morgue”, aclaro que y podía verles,
pero no podía mover mis pupilas en mis cuencas,
también los podía escuchar mucho más claramente de lo
que recordara podía yo oír a las gentes y al mundo,
sin embargo , no podía mover una pestaña, ni sentir
cosa alguna con mi cuerpo, al fin me colocaron desnudo
sobre una plancha que me pareció de metal y me
introdujeron en una especie de cajón enorme, donde
nuevamente la obscuridad absoluta lo envolvía todo.
Creo que pasaron varias horas hasta que mi señor me
saco de la obscuridad, el saco la plancha de metal, y
esta vez pude verle por vez primera bajo la luz de una
bombilla, su sombrero de copa seguramente que debió de
conocer épocas o siglos mejores, ya que si bien estaba
entero, hacía décadas que las arañas lo adornaban con
sus telas, la capa flamante, hacía siglos supongo que
le acompañaba, su negro traje expelía el olor de los
sepulcros y su cara reflejaba tanto la maldad de
siglos, como el conocimiento de los reinos del gusano
conquistador..., como diría Poe.
Mi señor Conde Gregoresku, su verdadero nombre, hacía
centurias que había vencido a la muerte, gracias a
remplazar, como hizo para conmigo, la sed del fruto de
la vid, con la preciosa sangre que circula por las
venas de mi ex-raza, nunca más podré poner mis labios
en un vaso que contenga la sangre del hijo del dios
judío, pero si podré, si se cuidarme y para ello me
enseña todas las noches y por la eternidad mi señor
Gregoresku , beber mi vida de las venas de los seres
que se supone creo el padre de ese crucificado judio..
FIN
Por
Barnabas
alfayaram666@yahoo.es
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