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HISTORIAS,  NARRATIVA...

GREGORESKU 
EL VAMPIRO DE CARTAGENA...


Gregoresku el vampiro, llegó a entrar en su ataúd exactamente medio minuto antes de que el sol comenzara a asomarse en el horizonte. Con sus fuertes manos puntiagudas a causa de las inmensas uñas afiladas, cerró sobre sí, la pesadísima lápida rota de su sarcófago y ahíto de sangre se dispuso a abandonarse a las negras sombras de su también negro sueño.
Gregoresku alguna vez, hacía ya siglos, había pertenecido a la más rancia y de mejor abolengo de las familias nobles de la que actualmente es Rumania, pasaron varios siglos antes que de aquellos parajes emigrara tanto por falta de víctimas como de lo que quizás podríamos llamar “aburrimiento” se coló en un velero que llegó sin quien le navegara, ya que todos le fueron sirviendo de alimento, a las costas de Chile, primero al puerto de Valparaíso y luego se traslado al entonces aristocrático balneario de Cartagena encantado con esa ciudad entre cerros de arena y un ancho mar , instalándose entre sus cerros, en los lugares preferidos por los vampiros para “habitar”, más bien para “pernoctar”, casas semi derruidas, iglesias abandonadas, las que dicho sea de paso en Chile Gregoresku se extraño de no hallar ninguna...., con el paso del tiempo se contesto así mismo esta incógnita al advertir que como decían los politicastros de estos lares “...en Chile, hasta los comunistas ateos van a misa...”, lo que si encontró hasta para regodearse en elegir fueron los cementerios, ya que en un país en donde un solo terremoto en esos años de su desembarco, arrasaba con ciudades enteras, estos aparecían cada tanto, ocupando los terrenos más extraños para un cementerio, así Gregoresku, le encantaba pernoctar en una tumba que había saqueado y que quedaba en un cementerio en la punta de un cerro y que al despertarse para su nocturna vida, le permitía al salir de la tumba, observar toda la ciudad.
Con el paso de tiempo, de aristocrático, el balneario paso a ser un lugarejo en franca decadencia, casi como en los malignos pueblos costeros de los cuentos de Lovecraft, solo la peor de las chusmas llegaba ahora en los veranos en ordás, así, se le designaba ahora como balneario “popular” que es el nuevo adjetivo a lo que los romanos llamaban plebe, poco a poco Gregoresku fue testigo de cómo las playas a su llegada limpias, hermosas y de arenas negras, ahora estaban cada vez más negras de basuras y diversas contaminaciones, y las antes cristalinas y hasta verdes aguas de color turquesa, ahora tenían el color ya del petróleo, ya del que tienen los desechos del cuerpo de los humanos. Las para Gregoresku hermosísimas y señoriales casas, todas de madera en esos años y que en su interior habitaron desde presidentes, hasta distinguidos embajadores y aristócratas de otras latitudes, ahora mal cobijaban a una familia por pieza, convertidas todos los veranos en vulgares pensionuchas u hoteluchos, en donde los olores más diversos se mezclaban para lograr un tufo que hacían arrugar la cara en un rictus de completo asco a Gregoresku...., fue adquiriendo un odio visceral contra la chusma que poco a poco le fue destruyendo su querida ciudad y tomó la decisión de solo beber la sangre de estos descastados que se conocían con el mote de “veraneantes”, y así fue, claro que Gregoresku jamás le dio la dignidad a estos bichos de ser un ser de la noche, ya que contrariamente a como el vulgo cree, el mordido por un vampiro no necesariamente se va a convertir en otro, eso queda a decisión del vampiro, también es justo decir que Gregoreku le concedió a varios aristócratas tal honor, incluso una bellísima Cartaginense se convirtió luego de viajar a Europa en una conocidísima vampiresa, tanto por su singular belleza morena, como por su crueldad cuando quería aplicarla.
Demás esta decir que por unos cuantos que Gregoresku mataba cada verano nunca la policía se dio el trabajo de investigar cosa alguna, incapaz como siempre de relacionar los ocasionales cadáveres con agujeros en sus cuellos o los que nunca se encontraban,( ya más de una vez había pasado que el finado estaba siendo velado una noche y en la mañana del entierro este simplemente no estuviera), que en los meses de invierno se daban, con los que aparecían en cantidades más superiores (en verdad, en verano Gregoresku “engordaba”)en las temporadas estivales, además con una población flotante que se multiplicaba por cuatro a la de siempre en la ciudad en los veranos y que por la “calidad” de las gentes que hacían la invasión, el que subiera la cantidad de muertos era lo esperable para los policías de Cartagena, ahora que los muertos estuvieran desangrados, o mutilados ,era bueno, cosa de los veraneantes que llegaban de la capital con sus vicios y perversiones, al tiempo más de algún aparecido o “experto” de esos que aparecen en la televisión y que en el fondo los términos de aparecido o “experto” en sus casos vendrían a significar lo mismo, arguyó la acción de sectas satánicas “vampíricas”, otros la acción de extraterrestres, luego otro que achaco las muertes a un tipo “mutado”de chupa cabras que atacaba a la gente y así, incluso también de vampiros se hablaron para regocijo de Gregoresku, la verdad explicaciones no faltaban, pero todas fueron absorbidas por la “locura del verano”, de las mujeres cada vez más desnudas, escandalillos de los famosillos de estas tierras, alguno que otro escándalo político, robos, atracos o un festival que se hace todos los años en curiosamente donde atracó el barco que trajo a Gregoresku a Chile, hacían que las muertes de solo unos pocos veraneantes pasaran prácticamente inadvertidas, o se hablar de ellas unos pocos días.
Así transcurría la vida de Gregoresku, a quien habíamos dejado durmiendo (si se puede usar en él esa expresión) lleno de sangre de sus despreciados veraneantes, ignorante que este año las cosas iban a ser bastante más distintas que otros, ya que a la negligente policía cartaginense, había llegado uno que no era enteramente igual al resto, Sergio H.. santiaguino que había entrado como policía hacía 30 años, justo a los 18,evitando así de paso, su servicio militar, que consideraba una perdida de tiempo, ya que de “paco” le pagaban (poco pero algo era),y “trabajo”, la verdad ahí no tenía, no comía mal y podía volver todos los día a su casa, en la que en unos años también, aparte de su madre, se sumo su esposa, con quien estuvo de novio alrededor de un año y que conoció justamente por estar destinado un tiempo de “punto fijo” o vigilante de un político extranjero , esta mujer, su esposa ya por casi 20 años, con quien tenía tres hijos, trabajaba como empleada doméstica en una de las casas del sector, como muchas mujeres que emigran del sur de Chile, así ,para Sergio, estos cambios al contrario de lo que para muchos de sus colegas significaban solo gastos y que a la larga hacían que ese policía terminara tratando con los que se suponía debía atrapar, para por medio de sobornos y coimas, pudiera mantener a una esposa feliz, para que ojalá no lo convirtieran en un carnudo y para poder alimentar a una basta prole, para él, fueron el aliciente del progreso, así, estudiando de noche algunos cursos de perfeccionamiento, logró con él tiempo uno que otro arresto destacado, poco a poco también fue ascendiendo tanto de cargos como en la estima de sus superiores, quienes encantados de tener entre sus filas a un ya oficial que podía rivalizar en el campo investigativo con los siempre odiados detectives de investigaciones, no tardaron en darle a Sergio un mejor sueldo (no se fuera a ir con la “competencia”)y a darle facilidades para que siguiera perfeccionándose, con los años se le fue enviando a diversas partes del país a resolver con gran éxito diferentes casos de asesinatos, robos espectaculares en cuanto a la cantidad del dinero, fraudes y otras áreas de las que abarca el delito, así, este año le había sido encargado el ver que era lo que ocurría con las muertes y desaparición de cadáveres en Cartagena, como puede verse si había alguna preocupación después de todo de las autoridades por el tema, aunque sea dicha la verdad, la preocupación venía del grupo de comerciantes más destacados de la ciudad, que estaban algo preocupados que de seguir las muertes los veraneantes se buscaran otro balneario para dejar sus dineros.
Así, fuera por la razón que fuera Sergio en el amanecer en que Gregoresku estaba en su sepulcro, ya estaba arribando solo a Cartagena (esperaba traer a su familia como siempre hacía en cada una de sus estadías en distintos destinos del país luego de unas semanas).
Sergio siguió las rutinas que ya eran parte de su ser y en pocos días ya estaba instalado, tanto como en su nueva casa, como en su trabajo, había leído todo lo que se tenía ahí sobre los casos de muertes, había podido incluso entrevistarse con un par de trasnochadores que había podido encontrar la policía que decían habían visto a un tipo vestido de negro, con capa (¡ con capa ¡ se decía Sergio, más sorprendido que divertido con la salida) que se había acercado a las víctimas y que en un caso, al doblar en una calle se habían perdido de vista de pronto y en el otro el tipo juraba que un sujeto había “besado”, en le pareció a este testigo, en el cuello a la víctima, pero como en ese barrio a esas horas de la noche, era posible ver actualmente a las putas atendiendo a sus clientes en plena calle, el que le diera besos al testigo le pareció de lo más caballeroso...,” ahora”, se decía Sergio, “si tomamos en cuenta la opinión de un par de vagabundos borrachos” que eran en verdad los dos “testigos” que tenía la policía, “seguramente que han visto hasta enanos verdes y elefantes rosados en sus sueños de borrachos”..., pero sin embargo a Sergio le molestaba el detalle de que en la víctima que el primer borracho había dicho que literalmente se habían esfumado al doblar por una estrecha calle, el cadáver de la víctima había aparecido a manzanas de donde el borracho aseguró había vista al tipo con ella, era esta una conocida prostituta santiaguina, que cada temporada de verano se trasladaba a Cartagena, a sabiendas de que tendría muchos más clientes adinerados deambulando en busca de diversión, y por la hora que dijo el ebrio que había visto lo que vio, y por la hora que dijo el medico forense que había ocurrido el deceso, la víctima, si estuvo donde dijo el borracho, solo pudo a ver llegado a donde apareció, poco menos que volando..., y con el segundo testigo pasaba algo parecido, la víctima, una chica también de Santiago, esta vez ladrona, no prostituta, había aparecido desangrada como todas las victimas, con heridas en su cuello, que parecían hechas por ..., “¡ un vampiro ¡”, dijo Sergio sonriendo nuevamente, y luego se puso serio, por mucho que sonara a chiste, todas la víctimas habían aparecido desangradas, eso era indesmentible, que se suponía que era eso lo que hacían los vampiros era otra cosa...., quizás fuera un psicópata que se creía vampiro, era de serie de televisión, pero bien podría ser, quizás el par de borrachos algo habían sabido de todo lo dicho de las muertes, que de hecho en más de algún programa que alguna gente tiene la tupes de llamar “serio”, se había hablado más de una vez de la acción de vampiros..., quizás en sus cerebros de borrachos habían visto al asesino y le atribuyeron los accesorios de un vampiro..., pero era curioso que los dos mencionaran una capa..., Sergio siguió varios días barajando estas opciones, sin sospechar lo cerca que estaba de la verdad.
Gregoresku despertando a su amada noche y saliendo de su tumba encumbrada en los cerros nada había sospechado de lo que Sergio meditaba, siempre le había tenido sin cuidado sus acciones, llevaba siglos haciendo lo mismo, además de la plebe de la cual vivía nunca le había preocupado nadie, y sin embargo, cuando empezaron aparecer los colgantes de ajos, Gregoresku no pudo menos que luego de centurias sin un sobre salto que sorprenderse, todo surgió de un ocurrente comerciante ambulante, que tomando la idea del vampiro como autor de las muertes en Cartagena, comenzó a vender unos collares que en su centro llevaban uno o varios “dientes” del oloroso aliño, con un poco de barniz encima claro, para no dejar al portador del adorno “pasado a ajo”, pero si con suficiente aroma, indetectable para ellos, pero que a un vampiro como Gregoresku le perecería insufrible, y dio la casualidad como siempre, que algunas de sus víctimas portaban de aquellos collares y lograron por él, sobrevivir a su ataque de sangre, aunque no indemnes ni vivos, ya que en su frustración, Gregoresku les rajó de un zarpazo de sus afiladas uñas las gargantas, sin embargo, una de ellas, por ser encontrada a los minutos de la agresión, logró sobrevivir para contar su historia, historia que ahora se preparaba Sergio a escuchar, más bien a leer porque la víctima no podía hablar..., y la verdad ya no lo haría, por que le habían sido destrozadas las cuerda vocales en el ataque.
Se trataba de otra joven veraneante, pero en esta ocasión no pertenecía al hampa, era solamente una chica pobre de veinticinco años, que a fuerza de ahorrar peso por peso durante el año, había logrado reunir cierta cantidad como para después de años no haberlo podido hacer ahora había podido darse el gusto de “ir a la playa”en verano, pues ese gusto si bien no le había costado la vida, si le había costado el habla y una cicatriz atroz en el cuello producto del desgarro.
Lo que ella le dijo a Sergio escribiendo con pésima caligrafía y peor ortografía en una pizarrita que llevo Sergio, lo había dejado incrédulo, pálido y desencajado, si bien solo fueron unos quince minutos que estuvo con la chica, ya que esta estaba bajo fuertes sedantes tanto para el dolor como para el descanso de su mente, aquellas chuecas letras le hablaron de un ser que la chica describió como al principio bello y fantasmal y luego como un monstruo de ojos brillantes, afilados colmillos, fuerza brutal y de uñas como de acero..., le contó de cómo al ir caminando sola hacía su pensión en los cerros de vuelta de una discoteca llamada el “Gato Negro”donde se había bamboleado a ritmo de bailes provenientes del trópico, mezclados con otros del país del norte y con letras que hablaban de “gasolinas” y actos sexuales disfrazados, de pronto un tipo se había como “aparecido” en su camino, y que su vestimenta parecía de al menos un siglo atrás, creyó que era quizás uno de esos “góticos”de ahora, tanto por sus ropas como su palidez cadavérica, nada le dijo y nada le salio a ella, fue al ir a hacer ademán de continuar su camino, que el tipo la tomó de un brazo, y en el que ella había gritado de espanto, por que la cara del tipo había cambiado a una faz de ojos rojos, malignos y brillantes, y unos largos, largísimos y afilados colmillos se le escapaban por la abierta boca, y cuando ya iban a hundírseles en su cuello, el ser o hombre perturbado había respingado, con la horrible cara contraída en una mueca, y ella se fijo que era por el collar que había comprado en la playa contra los vampiros...., por último el tipo, se giro rápidamente y ella sintió como que un cuchillo le desgarraba su cuello y todo fue dolor y luego oscuridad para ella, casi eterna sino fuera por el par de trasnochadores que la encontraron y que atinaron a llamar a una ambulancia con sus celulares, lo que también había perturbado a Sergio, era el hecho que entre las descripciones que dio la chica de la ropa antigua que el tipo portaba, esta había mencionado también una negra capa.
Sergio no sabía que pensar, estaba lo del ajo, lo de la capa, lo de los colmillos, no podía, no era cuerdo que fuera un vampiro..., no al menos como los de las películas, seres muertos vivientes, eso obviamente no podía ser, pero en su interior la idea de un tipo tan mal mentalmente que si se creyera un vampiro lo acosaba, de hecho casos de esos en la historia sobraban, el mismo Bela Lugosis sin ir más lejos..., otros en Europa casos o EEUU, solo que acá en un país Latinoamericano, en el culo del mundo, bueno la locura no tenía fronteras, decidió elaborar un plan, no le hablaría lógicamente a sus superiores de que emprendería la caza de un vampiro por supuesto, hablaría de un psicópata..., pero en lo que tenía en mente se barajaban elementos de bueno..., de cosas que atraen a los vampiros, o al menos eso se veía en las novelas y el cine, era un vampiro si, pero humano, que se creía uno de los de fantasía, eso para Sergio era claro. 
Lo que ocurrió finalmente con su plan Sergio nunca se lo perdonó, y lo que vio, también con el tiempo le paso una abultada factura a su sanidad mental, hay cosas en este mundo en que el ser humano no debería escarbar, sobrevivencias las han llamado algunos autores, y el vampiro es una de ellas, hay quines saben de estas cosas y se callan, ya por una muy lista prudencia y ya por saber que es inútil oponerse a lo que ha vivido o existido por siempre....,y que seguramente así seguirá.
Sergio, preparó a una joven y agraciada policía, que, aunque a pesar de su juventud había participado en varias operaciones disfrazada de prostituta, adicta o lo que se requiriera, en esta ocasión solo le pidió Sergio que se vistiera atrayente, y procedió a pasearla por los lugares en que se habían registrado ataques, y luego por otros en que no, y así por varias noches, soportando el tedió y el cansancio entre cafés y cigarrillos, estaba por pasar febrero, ya se terminaba el verano y nada ocurría, pero la última noche de febrero, cerca de las 3 de la madrugada ocurrió, Sergio en ese momento volvió a recordar el testimonio de el borracho y de la pobre chica hecha muda, simplemente en un segundo a otro, un tipo se materializo de entre las sombras delante de la agente encubierta, era tal como habían dicho esos testigos, de capa negra que en ese instante fue lo único que vio, ya que estaba de espaldas a Sergio, el fue quien primero que reacciono, desenfundo su arma y corrió hacia la pareja, los distinguía claramente ya que siempre por precaución apostaba a la chica policía bajo alguna luz, en este caso un poste de alumbrado público, y fue en esa carrera de poco metros en que a Sergio le cambio su vida, su mente y la percepción que tenía del mundo, no se sintió grito alguno de la chica, pero al girarse el vampiro quizás por sentir el ruido de los zapatos de Sergio en veloz carrera por la acera, Sergio pudo ver un rostro horrible, de palidez marmórea, de ojos rojos como un par de carbones atizados, de largos cabellos recogidos en un elaborado moño, usado quizás hace cuantas centurias, que le miró con una malignidad y despreció como nunca antes, nisiquiera en sus tiempo de carabinero había sentido, aún cuando de resentidos sociales ese institución estaba repleta, Sergio titubeo, pero al ver como manaba la sangre de las heridas que el vampiro le había hecho a la chica con sus afilados y poderos colmillos, volvió en si, apunto y disparo por cinco oportunidades al ser...., sin embargo este no cayó, ni se le vio que sintiera las balas que una a una penetraron su carne en diferentes partes de su cuerpo, lo que si cayó al suelo fue el cuerpo desangrado y de rostro horripilantemente desencajado de la chica policía, luego Gregoresku sonrió a Sergio, quien en ese momento estaba de pie aún con la pistola en las manos boquiabierto, esa sonrisa fue la que con el tiempo, envió a Sergio al manicomio..., luego simplemente se esfumó, se volatilizo, se desmaterializo, lo que prefieran, dejando solo el cadáver de la chica y el de la cordura de Sergio.
Las muertes aún continúan en Cartagena, y al parecer no tienen fecha de término, y Gregoresku sigue despertándose en su sepulcro cada noche y sigue desde ahí admirando los cerros y el mar.

FIN


Por Barnabas
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