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HISTORIAS,  NARRATIVA...


Calabozo...

Realmente, y hago hincapié en el hecho, no soy un ladrón, ni vivo de robarme lo ajeno, pero no por ello, dejo de ser un humano, un simple ser humano sujeto a tentaciones, como cualquier otro, y eso fue lo que me ocurrió, me tenté y por echarme en un bolsillo un miserable queso termine esposado y en un calabozo.
¿Qué puedo decir?, llevaba el carro lleno, desde papel higiénico, hasta el café, víveres, servilletas, bebidas, toda la compra para el mes..., pero al ver un corte de 180 gramos de queso Roquefort no pude contenerme y bueno, me lo eche al bolsillo, termine de comprar todo lo que me hacía falta, llegue a las cajas, pague absolutamente todo lo que llevaba en el carro y al salir un tipo, un guardia petizo se me puso por delante impidiéndome el paso y uno flaco pero enorme, quizás de más de los dos metros se me puso por detrás, este fue quien me dijo “acompáñame, ¿estay claro por que no? “, la verdad yo no entendía mucho, porque eso era coa o jerga delincuencial pero me hice la idea que me habían descubierto en mi pequeño hurto, eh incluso me sonreí un poco, ya por la vergüenza que acudía a mis mejillas tiñéndolas de rojo, ya por un sentimiento algo extraño, uno que me hacía sentir disgustado por haber sido descubierto, ahora, yo jamás imagine de que el asunto no pasara más allá de una pequeña reprimenda y de que se me hiciera pagar una multa o algo así.
Mis esperanzas se desvanecieron al apenas vislumbrar la puerta de donde seguro trabajaba el guardia, una especie de “closet” en donde no cabía nada más que un escritorio diminuto, una pantalla de computador por donde vigilaba su mundo, los pasillos del supermercado, me llevo a una puerta lateral por donde me introdujo a un espacio aún más reducido y lo más humillante de todo, esposado como un vulgar hampón, en ese reducido espacio, no había ningún mueble, ni nada, seguro para evitar que los que ahí caían se hicieran algún daño, solo destacaba en la muralla un vidrio por donde podía ver al guardia afanarse en unos papeles.
Me había quitado el queso, lo paso por un lector de códigos de barras, anotó el valor que este le entrego, luego rebusco y rebusco en los papeles que ya le había visto, hasta que por fin se sonrió y tomo el teléfono que tenía a su lado, apareció el otro guardia petizo, quien asintió ante el rostro sonriente de quizás su jefe y dijo “ya están aquí los carabineros, este ( y este era “yo” ) se va detenido y mañana pasa a control de detención. “
Me quede de piedra, y luego me petrifiqué más aún al oír que el guardia de los papeles decía, “ningún problema, el valor del queso que se quería robar, vale 2.350 pesos, por lo tanto pasa la cantidad que estipula “la nueva ley” ( y eso lo dijo lento y bien pronunciado) que pone el tope en 1.000 pesos”.
Ahora bien, según me fui enterando, hacía solo un par de meses, se había cambiado la ley sobre la “falta-hurto”, o lo que en los súper-mercados llaman el “robo hormiga”, es decir lo poco que pueden sacar hombres y mujeres entre sus ropas, antes de esta nueva ley a mí me habría detenido el guardia, me hubiera dicho que devolviera o si podía pagar, pagara el dichoso queso, me abrían mirado feo y ya, me habría ido a mi casa algo avergonzado y eso sería todo, yo antecedentes policiales no tengo, en mis años de estudiante a lo más me llevo el carro policial por andar algo ebrio, o por beberme una cerveza con los amigos en la calle, más un paseo que otra cosa y nada más, ni siquiera tenía licencia de conducir, ósea no tenía ni faltas, pero, por haberme tentado ahora me jodia, pasmado vi entrar a un carabinero, que volvió a revisarme,me hizo colocar de frente al guardia el que me saco una foto, hizo una venía con su cabeza y el carabinero me saco esposado, felizmente por unas escaleras que no daban al público y que llegaban a un subterráneo en donde me subió a un vehículo policial y partí rumbo a la comisaría de mi sector.
Ahora bien, luego de pasado mi pasmo, traté de explicarme, argüía principalmente el que como dijera antes, antecedentes no tenía, que estaba comprando en el puto súper mercadería por más de 150.000 mil pesos y a pesar de ello me traían esposado, que me habían fotografiado como si fuera un delincuente peligroso o buscado, todo por un queso que valía un poco más de 2.000 pesos, el carabinero, se limito a encogerse de hombros y decirme “mire, lo siento, pero es la ley”.
Al llegar a la comisaría, me condujeron por un pequeño pasillo hasta la puerta de un calabozo, donde un carabinero, cuchilla en mano, procedió a sacarme todas las “cuerdas” que tuviera en mi ropa, eso si por ventura se me ocurría ahorcarme, así los cordones de mis zapatillas, el cordón para ceñir mi polerón de polar a mi cintura, el de mis short que usaba como ropa interior, el de la cintura de mi pantalón de buzo, fueron cortados sin más y así se me introdujo, felizmente sin las esposas al calabozo, que debo decir estaba grande y espacioso y en donde solo había un señor que por su estampa pasaba de los cincuenta años, como el mismo luego corroboro y un joven de veinte y tantos, ambos por hurto, solo que en honor a la verdad ellos si se dedicaban a sacar cosas de los supermercados, eran “mecheros” en la jerga delincuencial, a su favor diré inmediatamente que ambos eran la verdad “buenas personas”, lo digo porque al poco rato de yo entrar llegaron sus familias a verles, las esposas de ambos, quienes les trajeron alimentos, los cuales compartieron conmigo y hermanos de tragedia comenzamos a contarnos nuestras detenciones y por que habían sido, tanto para conocernos y también para pasar el rato, el que sería largo ya que se nos había dicho que el “control de detención” es decir, en donde veríamos al juez que decidiría nuestra suerte, ocurriría en la mañana del próximo día, y eran recién las nueve de la noche cuando nos esteramos de ese hecho, de boca de otro carabinero de la comisaría.
El viejo, según él, lo habían detenido por tratar de llevarse dos tarros de café instantáneo marca Nescafé de “fina selección” que calculaba sumarían unos siete mil pesos y el joven al igual que yo también le habían sorprendido hurtando queso, solo que el se estaba llevando unas siete bandejas de queso gauda que calculaba sumarian unos nueve mil pesos, como se ve era yo el que menos había “robado” y para ellos fue de inmediato más que evidente que en mi caso, solo me tente en querer darme un “gustito”, pero que no debiera de estar ahí, por eso también digo que los dos eran después de todo “buenas gentes” que asumían su situación, pero que defendían espontáneamente y sin más a quien les pareciera que no anduviera en sus mismos pasos y fuera inculpado de ello.
Cerca de la medianoche, él frió se dejo sentir con fuerza y uno de los carabineros tubo la deferencia de traernos unas frazadas con las que tendríamos que arreglarnos para pasar la noche, mire el suelo desnudo del calabozo y recordaba mi cama, hacía un par de meses adquirida, pensaba en su blandura y tibieza, al fin, suspirando fuerte me puse a preparar mi precario y de seguro helado y duro lecho. Y en eso estábamos los tres cuando se sintió algún bullicio en la entrada de la comisaría.
“¿ Qué hace este mocoso aquí? “, escuchamos que decía una voz más gruesa de las que habíamos oído, al poco rato apareció el mismo carabinero que nos paso las frazadas quien nos dijo que había llegado el capitán del recinto y que al llegar vio afuera a un menor que estaba detenido ahí y que no habíamos visto por tenerle los carabineros por su condición de menor, fuera del calabozo, “ es un pendejo de diez años, que detuvimos por entrar a una casa sin moradores”, dijo uno de los carabineros, la cosa era que el capitán que recién llegado lo había visto instalado en uno de los sofás que en la comisaría habían en la “recepción”, había exigido poner al chiquillo en el “calabozo para menores”, ya que ese era el procedimiento y que así debía de hacerse, solo que el calabozo de menores era el que estábamos ocupando, así que tuvimos que levantarnos, deshacer nuestros nidos de frazadas y salir de ahí, nos quedamos en un pasillo esperando saber donde terminaríamos pasando aquella noche.
Finalmente terminamos en otro pasillo donde habían tres calabozos, nos colocaron en el primero de ellos, era algo más pequeño que el anterior de menores, pero felizmente no apestaba a orines ni habían ratas o algo así, volvimos a armar nuestros improvisados lechos y nos dispusimos nuevamente a tratar de pasar lo mejor posible la noche.
Yo pensaba y re-pensaba mi situación, y me decía a cada tanto lo mismo que me decían mis dos circunstanciales compañeros de celda, “papito, si no tiene na’ en sus papeles no se preocupe, mañana lo vera la jueza y lo manda pa’ su casa soplado”, pero no podía dejar de decirme a mi mismo, “¿ pero si me van a mandar para mi casa, para que mierda me hacen pasar la noche en una comisaría? “, no quería pensar además en lo que podía esperarme cuando pasáramos como nos dijeron de la comisaría a manos de gendarmería, es decir los que trabajaban en las cárceles y juzgados, ellos, que a diario se las veían con todo tipo de delincuentes, podían quizás agredirte sino les respondías ni hacías caso a lo que te dijeran que hicieras, aunque yo fuera un profesional universitario, que por idiota se veía inserto en un sub-mundo ( el delincuencial) y que solo esperaba salir indemne de la experiencia.
Así iban pasando las horas, mis dos compañeros de celda roncaban a más y mejor, yo ya veía claro que esa noche la pasaría en blanco, se confabulaban para que ello ocurriera, la incomodidad de tener de colchón solo una frazada y el duro suelo de cemento, junto al frío que iba en aumento y que poco a poco iba haciendo salir vapor de mi garganta y narices al respirar, la verdad, lo que más deseaba en esa celda era tener mis cigarrillos, fumar pensaba abría hecho posible pasar la noche mejor y más rápidamente, suspire fuerte nuevamente y me arropé algo más con mi polerón y la frazada algo hedionda que me toco en suerte de las que nos pasaron los carabineros.
Calculó serían alrededor de las tres de la madrugada cuando ocurrió la primera manifestación “paranormal” si con esta palabra se logra describir en algo lo que vi y viví en esos calabozos. Sentí llorar, al principio pensé que era el joven que dormía junto a mí en el calabozo, pero el llanto a los segundos lo identifique como el de una mujer.
Incrédulo traté de ver entre las sombras donde estaba la mujer que sentía llorar, suponía que era una obviedad que no encerrarían a una mujer, aunque fuera en otro calabozo, en donde habían tres hombres, los que podían ser delincuentes avezados, que aunque estuvieran separados podían agredirla, ya no golpeándola o incluso violándola, pero podían perfectamente pasarse la noche insultándola haciéndole gestos soeces, masturbarse delante de ella, en fin, toda una gama de vejámenes, que creía serían perfectamente capaces de hacer verdaderos delincuentes.
El llanto seguía, y también se intercalaban suspiros, sollozos y de nuevo el llanto, trate nuevamente de escudriñar las tinieblas sin éxito, por fin me decidí a tratar de hablarle a la mujer que suponía estaba dos calabozos más allá.
“Hola..., ¿qué te pasa, por que estas acá”, le dije a las sombras, nadie me contesto, y el llanto continuo lastimero, como con mucho dolor, volví a interrogar a la oscuridad.
“Hola, hola, ¿qué te pasa, por que estas acá? “.
Nada, solo me contestaba el llanto, el que de pronto cayo del todo.
Y al terminar el llanto, en el tercer calabozo, donde suponía había una mujer llorando, las tinieblas empezaron a ser menos densas, y vi algo así como una “nube”, no sé como describir mejor lo que vi, era como “humo” quizás, fue poco a poco tomando la forma de una mujer.
Al cabo de unos pocos minutos, que me parecieron horas se “formo”, se “apareció” una mujer, tendría unos treinta años, vestía un vestido que me pareció rojo, que se le ceñía al cuerpo y que delineaba espectacularmente sus curvas perfectas, sorprendido en grado máximo vi como la mujer empezó un cadencioso baile, de una sensualidad que creía solo tenían las mujeres que bailaban en los clubes nocturnos, en esos minutos en que la aparición bailo, juro que olvide por completo en el lugar donde me encontraba, solo tenía ojos y mente para la mujer que había llorado sin verla y que luego se había aparecido para bailar.
Y de pronto se detuvo, y vi subir su mano derecha hacia el tirante izquierdo de su vestido dejándolo caer sobre su brazo, luego, hizo lo mismo con su mano izquierda y el tirante derecho, el cuál también cayo sobre su brazo, dejando al descubierto unos albos y perfectos senos, finalmente con un ligero movimiento de su cuerpo, dejo caer su vestido rojo al suelo, brindándome el increíble espectáculo de su blanca desnudez.
No me atrevía ni a pestañar, esos minutos fueron para mi una experiencia que me acompañara para siempre, el cuerpo de esa mujer era el más perfecto que nunca hubiera tenido el privilegio de contemplar, la turgencia de sus senos, con grandes y erectos pezones, que de verlos inconscientemente me provocaron salivación en mis labios, esas caderas inmensas pero proporcionadas, de nalgas grades, de forma de “pera”, esos bellos púbicos depilados, dejando solo un triángulo pequeño de vellos, que me hacían transpirar y picar las manos, al pensar como se sentiría su tacto, así fue que, ahí, en un calabozo, insomne, en el suelo, con dos desconocidos que robaban para vivir, con algunos malos olores, a pesar de todo, bueno..., volví a ser humano, y reaccione como tal, en resumen mi pene sé erecto como hacía tiempo no lo hacía ante la desnudez, alba y perfecta de la mujer que se había materializado dos calabozos más allá del que estaba.
Pero mi erección, que llego a ser incómoda, ya que mi pene pugnaba por salir de su encierro de short y pantalón de buzo y ojalá clavarse profundamente en la vágina de le etérea mujer del calabozo último, se bajo de golpe al escuchar el grito entre espanto y asco que emitió de pronto la mujer materializada, vi su mirada fija en mi entrepierna como si pudiera ver a través de mis ropas mi erección y también pudiera leer mis pensamientos, vi como su mano derecha cubría su entrepierna y la izquierda trataba en algo de ocultar su inmensos senos, mientras seguía aquel grito interminable, que me estremecía y me hacía mirar de reojo a mis compañeros de celda extrañado de que no despertaran con tamaño ruido.
Pero lo que a continuación ocurrió fue mil veces peor, porque la boca de la mujer fantasma que gritaba, se contrajo en una mueca horrible y cuando la volvió a abrir se abrió de manera inverosímil dejando al descubierto una hilera de afiladísimos dientes, puntiagudos como si fueran de un tiburón, sus ojos alcanzaron de pronto el tamaño de huevos fritos en una sartén y brillaron como si fueran dos faros en el altamar, no grite, pero debí morderme la lengua hasta hacerme sangre para poder lograrlo, aterrado solo atiné a abrir yo también mis ojos quizás con la esperanza de que si miraba mejor, el horror que veía se desaparecería, pero nada de ello ocurrió, y mi cabello comenzó a erizarse de espanto, cuando esa “presencia”, (no dijo ya mujer) cambio también de pronto completamente, convirtiéndose del cuerpo de curvas perfectas con que apareció primeramente en una especie de esqueleto repugnante, donde se adivinaba la calavera por como sobresalían los huesos de la colgante piel, que de alba, paso a tener un color verdoso asqueánte, que recordaba a la carne putrefacta, ayudo a eso también el vomitivo olor a carne descompuesta que de pronto lleno todo el lugar.
Finalmente mi completo horror llego al paroxismo cuando esa cosa empezó a caminar lentamente en dirección a mí, paso a paso esa figura de pesadilla, extendiendo sus brazos, que a mí me parecían garras, se acercaba y se acercaba hacía donde yo estaba, acurrucado, al borde del llanto y de volverme loco, veía retorcerse sus esqueléticos dedos de largas uñas, y los imaginaba en mi cuello apretándolo o aferradas a mi pene tirándolo y tirándolo hasta arrancarlo, todas las humillaciones que me habían tocado pasar por mi estupidez de tratar de robarme un queso de mierda, eran nada comparadas con el completo horror que presencié esa noche, no podía tragar, transpiraba helado y tenía que contener el vómito y el grito ante aquella cosa sacada seguro del averno que paso a paso se acercaba a mí. Cuando llego a los barrotes de la celda, juro que pensé que hasta ahí llegaría, casi me reí, estaba de seguro más que histérico en ese momento, pero la fugaz sonrisa desapareció inmediatamente al ver como la “cosa” aquella atravesaba lentamente por entre los barrotes, sonriente, con su boca de tiburón.
Y de pronto, ya estaba dentro del segundo calabozo, a solo unos metros del que yo y mis durmientes compañeros nos encontrábamos, podía verle los gusanos revolviéndose en su vientre descompuesto, podía ver las puntas de sus costillas asomándoseles, y el olor a putrefacción lo envolvía todo, a punto de desmayarme y de seguro perder el juicio, trate desesperadamente de tragar la bola de miedo que me taponaba la garganta para gritar y gritar, pero me fue solo posible cuando la mano de ese aborto del infierno traspaso con su huesuda mano los barrotes de mi celda y me toco con uno de sus esqueléticos dedos.
“¡¡¡ ¿¿¿ Que mierda le esta pasando gancho???!!! “, gritó el viejo “mechero” que dormía a mi lado, “¡¡¡ ¿¿¿ qué chucha pasa!!!???”, gritó por su lado el joven ladrón que yacía a mi otro lado, y me dijeron que yo en ese momento estaba más que pálido, sudando a mares y que con mi brazo derecho extendido apuntaba con el índice a las sombras del fondo del pasillo de tres calabozos en que nos encontrábamos, que habían aparecido a los segundos los carabineros, con linternas y encendiendo las luces a la vez, que entraron de golpe al calabozo y que estupefactos trataban de hacerme reaccionar, que incluso con sus lumas habían amenazo a mis compañeros de celda, pensando quizás que ellos me estaban violentando de alguna manera, pero que solo de ver sus caras de susto y preocupación, las habían guardado de inmediato, me sacaron a rastras, me pusieron encima varias frazadas más y me dieron varias tazas de café bien cargado, hasta que por fin, como media hora después de todo aquello, pude balbucear tartamudeante lo que me había tocado presenciar.
Mis compañeros de celda me contaron en el carro celular que nos llevo por la mañana a los juzgados que cuando termine de narrar mis peripecias a los carabineros, varios se pusieron tan blancos como yo lo estaba y que varios también se santiguaron, “ ¡¡¡ la muerta de los topless!!! “ dijeron todos por fin al unísono, y les dijeron a mis compañeros que lo que yo había visto era de seguro el fantasma de una mujer hermosísima, que había llegado herida de mala forma a la comisaría, más bien la habían dejado en sus puertas tarde en la noche desangrándose, falleciendo luego por ello en su interior, lo poco que pudieron averiguar de ella fue que trabajaba en unos topless del sector centro de la capital y que esa noche había salido en compañía de uno de los tantos clientes de aquellos lugares, solo eso se pudo poner en claro, ni siquiera su nombre pudo acreditarse ya que no portaba ningún documento, ni sus huellas dieron luz alguna a su identidad, yo por mi parte en esos momentos de apresuradas revelaciones y conjeturas, felizmente me había dejado en la inconsciencia un piadoso y bienvenido desmayo.
Poco me queda ya por contar, una vez en los juzgados, y en manos de gendarmería, que eran ángeles al lado de lo que vi, la verdad mal no nos trataron y efectivamente salimos sin cargos ni tan siquiera con una multa a nuestro haber, solo sé que me apresure a llegar a mi hogar, donde llame a mi trabajo diciendo que estaba muy enfermo para ir ese día, que me duche largo rato y que luego de varias horas logre dormir y reponerme, en parte, porque a la muerta esa aún la veo en mis sueños..., solo diré que nunca jamás volveré a sacar nada de ningún lado sin pagar por ello.

FIN


Por Barnabas
alfayaram666@yahoo.es 

  MY BELOVED DARKNESS & VIA NOCTURNA
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  ® 2009

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