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Los gatos de la vieja Maria
Los gatos, esos felinos que nos acompañan desde el tiempo de los Faraones, que cuidan aún en el Tibet las esculturas de Buda y los pocos tesoros que dejaron ahí los comunistas con su invasión, pueden llegar a ser una verdadera molestia y unas verdaderas bestias, la historia que contaré a continuación, creo que deja bastante en claro la veracidad de estas dos aseveraciones.
Existe por ahí el mito de que los gatos en verdad son unos extraterrestres que nos invadieron en una ya lejana etapa de las primeras grandes civilizaciones humanas, pero ellos no venían en afán de conquista, aunque depende de cómo uno lo mire, lo que buscaban era su seguridad y manutención, y lo lograron modificando de alguna manera nuestro cerebro, solo que no todos los humanos fueron “afectados” por decirlo así y por eso abrían muchos que no soportan a los gatos.
Hay personas que simplemente no pueden ver a un gato, estas podemos clasificarlas entre las menos y a su aversión como fobia (esto si el mito de los extraterrestres no es cierto claro), hay otro gran grupo de personas que los toleran perfectamente y no le molestan, pero no saben muy bien porque, no tendrían uno como mascota, y el último grupo de personas a los cuales les fascinan estos animales y tienen muchas veces más de uno, a este grupo de personas pertenecía la señora (la vieja de mierda de la casa del fondo, como era conocida en el pasaje donde vivíamos ella y nosotros sus vecinos) que es en gran parte protagonista de esta historia..., junto a sus gatos y gatas.
Puede que sea caricatura, pero es bastante real el hecho de que viejas solteronas o esas que son como viudas desde siempre, vivan llenas de gatos y la vieja esta a quien nos referimos no era la excepción, la vieja Maria, quien vivía como se menciono, en la casa que estaba al fondo o al final del pasaje en que habitábamos, daba la impresión de vivir ahí desde que se terminaron de construir estas casas, como era de esperarse era solterona, “a mi nunca me ha tocado un pelo un hombre”, se vanagloriaba en decirles a las otras viejujas con quienes a veces se juntaba y la verdad al verle la cara, sus piernas torcidas, la gran verruga en su nariz, uno entendía que no le debió de ser muy difícil mantener a los hombres lejos de ella, nunca se supo bien tampoco de que vivía, ya que si bien no se notaban grandes lujos en su casa, no tenía al parecer un mal pasar, tampoco se veía llegar persona alguna a su casa desde hacían varios años y por lo que se rumoreaba, la vieja esta estaba más sola que la “una” de los relojes.
Comprensible quizás por esta situación sea el que tuviera mascotas, más que mal un animalito acompaña, da que hacer y con el tiempo termina siendo uno más en las familias, pero lo que nunca llegaré a entender es la manía de estas viejas de tener los gatos por docenas, así un buen día los que vivíamos cercanos a la vieja Maria, empezamos a sufrir diversas molestia en nuestros hogares, lo primero que uno empieza a notar es el olor a mierda y meados de gatos por cualquier parte de nuestras casas, y curiosamente yo gatos no tenía ( y ahora ni soñarlo) y mis vecinos tampoco, y no se va a negar que los excrementos de estos animales son los más fétidos y hediondos de todos, así que a uno no le queda otra opción más que ponerse un pinche en las fosas nasales y recoger los desperdicios del “gatito”, porque el tufo como se dijo que emana es insoportable, eso, que ya sería algo desagradable, porque encima de todo el animal que se caga y mea en nuestro patio no es nuestro, además los bichos estos, nos pueden llegar a sorprender de variadas maneras, así, andar pisando cagadas de gato escondidas en lugares inverosímiles de nuestro jardín se va volviendo cotidiano, o el abrir alguna ventana y en vez de aire, uno se mete una bocanada de olor a mierda en los pulmones, también el que las murallas ya no de afuera sino que de adentro de nuestros propios hogares comiencen a llenarse de marcas de pisadas y rasguños de las patas de los gatos también puede irse añadiendo a la lista de molestias que van dando, súmese la perdida eventual de el almuerzo, ya que más de algún bistec o pierna de pollo se robaran seguro de nuestras cocinas, por último la rotura de techos por las carreras y peleas encima de noche también deben de añadirla a la lista, ahora todo esto multiplíquese por doce o catorce de estos bichos y pronto se llegara a la conclusión que en cosa de un par de meses mis vecinos y yo estábamos más que hartos de los “gatitos” de la vieja Maria.
Debo señalar acá que a la viejuja esta se le hablo o se le trato de hablarle en todos los tonos de que algo debía hacer con los sus animales, nada se consiguió, la vieja Maria nos miraba con sus ojillos similares a los de sus mascotas con cara de escuchar como llueve, y cuando se dignaba contestar a nuestras quejas con mirada de despreció nos decía que sus “gatitos son muy limpios” y que seguramente eran gatos callejeros los que realizaban todas las tropelías que le narrábamos, con el tiempo ya se le decía a la vieja Maria cada vez con peores caras que al menos operara a sus gatas para que no siguiera la producción de gatos, pero ella contestaba que “eso es de bárbaros, comunistas y ateos, que hacerle esos a las gatitas , es lo mismo que hacer un aborto” y pegando un portazo nos dejaba hablándole al aire, las últimas veces que fue una “comisión” de vecinos (casi turba podrían haberse llamado) que estaban hasta la coronilla con los gatos nisiquiera les abrió la puerta a pesar de los constantes y fuertes golpes, solo cuando se paso al recurso de amenazarla con denunciarla a la Municipalidad de la comuna, la vieja abrió un poco su puerta para decirles “que fueran no más, que ella siempre había pagado todos sus impuestos y que seguro nadie le iba a decir nada por tener sus lindos gatitos” y volvió a cerrar su puerta en las narices de nosotros, sus cada vez más enojados vecinos.
La verdad un día fuimos algunos vecinos a la Municipalidad a ver que se podía hacer y ahí fue que terminamos luego de mandarnos a un lado y luego a otro, en el “departamento de Ecología y Ornato” de nuestra comuna, en donde un impresionante tipo, una verdadera “momia”, de quien sabe cuantos años, nos informo que a lo más una “camioneta de la Municipalidad, de este departamento sedara una “vueltecita” para comprobar esta situación”, obviamente, la “vueltecita” no se la vino a dar nadie, algo cabreados ya volvimos a ver al centenario que atendía ahí, y volvió a decirnos exactamente lo mismo, palabra por palabra, algo incrédulos le dijimos que eso mismo era lo que nos había dicho la primera vez que ahí estuvimos, impertérrito dijo “lo sé” y volvió a dejarnos en la estacada...., pero mirándolo de reojo, apretando los dientes, al fin suspiramos todos y dijimos “bueno, sea, pero ya nos tendrá acá de vuelta a estampar un reclamo sino va darse la “vueltecita” la famosa camioneta” y murmurando por lo bajo nos fuimos de la oficina de la momia aquella que ahí atendía. , Atacameña seguro por sus facciones. Para resumir, la camioneta si fue a “constatar los hechos”, ósea, pasaron por nuestro pasaje, tipo 4 de la tarde, y obviamente nadie los vio, salvo quizás la vieja Maria que prácticamente no se movía de su casa, y que de seguro se debía estar carcajeando ese día en que se supone vino la camioneta.
Así estaban las cosas, cuando aparecieron los gatos muertos, todos, fue una mañana de día sábado, la verdad no sé me olvidara ni la fecha ni la hora 9.30 am, ya que el escándalo, el griterío fue para arrendar balcones, recuerdo que me levante asustado, de tanto ver los noticieros uno se espera cualquier cosa cuando escucha a la gente gritar, mataron a alguien, se suicido alguien o vaya a saber uno que mierda, un asalto, robo, violación..., pero al salir a mi ante-patio, solo escuche la voz de la vieja Maria que lloraba y gritaba cuando las lagrimas y la angustia le permitía “¡¡ mis gatitos, mis gatitos!!”, para hacer al lector la escena corta, me dijo un vecino que al parecer la vieja Maria se había levantado como todos los días y había empezado su ritual mañanero, de poner la tetera al fuego para su desayuno y de comenzar a llenar los doce o más platos con comida para gatos, fue al salir a su patio trasero cuando suponía mi vecino que comenzaron sus gritos, ya que aunque nadie aún se había atrevido ni a golpear la puerta de la vieja Maria y saber a ciencia cierta que le ocurría, por lo que gritaba alguien le había matado a sus gatos, seguramente envenenados como suele ocurrir en estos casos, acotó mi vecino.
Y así realmente fue como mataron a los gatos de la vieja Maria, me contaron porque a pesar del espectáculo que esta dando yo tuve que salir apresuradamente esa mañana por un llamado inesperado de mi trabajo, que más hubiera deseado yo de quedarme y ver en que terminaba todo aquello, pero el deber obliga, pero solo al llegar algunas horas después, me entere de que paso esa mañana, a la vieja Maria para empezar se la habían llevado al psiquiátrico, como me dijo una de las otras gordas y viejas vecinas de mi pasaje, claro que casada con hijos y sin gatos que los suplieran, casi saliéndoseles sus ojos de sus cuencas ante tamaña historia, que se notaba, deseaba contar y contar, lastima que la tv no cubría estas cosas de seguro pensaba, pero me dejo bastante bien informado, “ a la vieja Maria tuvieron que bajarla del techo que tiene en su patio, ahí dijeron los enfermeros de la ambulancia que llego que estaba, luego que llamáramos porque la vieja gritaba como si la estuvieran capando de los que no tiene..., bueno usted me entiende, que gritaba hasta hacerse sangre seguro, así de veraz que usted la escucho en la mañana, bueno, los enfermeros también dijeron que la encontraron con más de siete de sus gatos muertos, que estaban tiesos y gordos, inflados, de seguro envenenados, y que los abrazaba, llorando, tirándose los pelos, que se había meado y cagado encima, que no tenia la mirada fija, que...” y hasta ahí soporte sus detalles, me retire haciéndole señas de que tenia que entrar a mi casa y casi corriendo entre en ella.
Con los días, pude saber bastante mejor que fue lo que paso ese día,
un vecino, que nunca jamás por lo ocurrido se sabrá a cabalidad quien fuera, se aburrió de limpiar mierda de gato ajena y les dio comida con veneno a los gatos de la vieja Maria, y estos, la mayoría, (ya que algunos quizás no alcanzaron a llegar y se murieron en el trayecto), se fueron a morir al techo del patio de la vieja, o lo que es lo mismo a donde ellos tenían su hogar, ahí los encontró, luego de buscarlos, extrañada de que no llegaran como siempre apenas los llamara a desayunar, lo que vino fue su derrumbe o colapso mental, ya que no tolero simplemente el que le mataran a sus gatos, de hecho se suponía que seguía internada en el psiquiátrico, y que según los rumores se quedaría ahí por bastante tiempo... .
Luego de estos hechos, como siempre vino el olvido, y ya ahí por el mes ya nadie hablaba casi de lo de la vieja Maria, a los cuatro apareció una mañana un letrero de “se vende” en la puerta del patio de la casa, que coloco un pobre tipo al que prácticamente interrogaron las viejas del pasaje, así se supo que la casa se vendía para pagar en algo los costes de la internación de la vieja Maria, ya que había quedo “más rayada que un banco de colegio” como dijera el mismo tipo, al mes se instalo una familia común y corriente, un señor que trabajaba se decía como contador y su señora puso un negocio de costura en la casa, con lo que se gano de inmediato el aprecio de las viejas que estaban felices porque la señora bastante emprendedora les dijo que les pagaba tanto por coser botones, bordar y esas cosas, así que se instalaban día con día en el living de la casa de cualquiera de ellas y mientras tomaban su mate, cocían y de seguro pelaban a medio mundo y encima ganaban sus pesos, por último estaba una chiquita de unos ocho años que era un encanto y que andaba en su bicicleta por el día, después de su colegio y al caer la tarde, sacaba a pasear una diminuta perrita poodle, además salía con una palita también diminuta en la que si el bicho hacía su mierda, la recogía y la echaba en una bolsita, que higiénicamente debía de parar en un basurero.
Para mí y creo que para todos los del pasaje estábamos más que contentos por estos cambios, al fin podíamos respirar nuevamente a pulmón lleno y ya tampoco debíamos estar limpiando a cada rato las suelas de nuestros zapatos embetunados con mierda de gato y como una bendición del cielo, por las noches se podía dormir a gusto, sin ruidos de carreras por los techos, ni maullidos que parecen gritos de bebe recién nacido, solo el silencio de la noche.
Y fue de noche precisamente cuando paso el horror, por que una mañana la familia que recién llevaba un par de meses de mudada murió entera en la casa que había sido de la vieja Maria, se supo que al no responder nadie de la casa a los llamados de una de las viejas que fue a dejar unos bordados, y más al ver esta que el auto del dueño de casa seguía en el patio, se alarmó y llamo a la policía, esta había encontrado a todos los ocupantes dela casa muertos, desangrados en sus camas, con el cuello rasgado como por garras, y con algunas mordidas que les parecieron por lo pequeñas, de gatos.
Desde esa mañana el miedo, un miedo a lo desconocido se quedo para siempre creo en el pasaje, nunca se averiguó bien que paso esa noche en esa casa, la del fondo, la de la vieja Maria loca de atar y sus gatos envenenados, solo sabíamos que de noche se empezaron a escuchar maullidos de gatos que nunca vimos, y se escuchaban carreras, peleas y a veces maullidos que parecían risotadas..., casi humanas, pero como si las produjeran unas gargantas que no eran precisamente humanas, el olor a meados y mierda de gato, junto a veces a un repugnante olor a “descompuesto” a podrido, nunca tampoco se fueron del pasaje, los que si se empezaron a ir fuimos los que ahí vivíamos, yo fui el último, ya que por motivos económicos me demore mucho en tener el dinero suficiente para poder cambiarme, al final me fui a un departamento muchísimo más pequeño que la casa donde vivía en el pasaje, con un arriendo incluso más caro, pero me importo un pepino, solo quería irme para siempre de ahí, de los olores, de los maullidos por las noches, de todo, y si he de ser franco dejar atrás el miedo, porque esas últimas semanas en aquel pasaje casi no pegue ojo por las noches, insomne, esperando que cada noche me cayera encima una horda de gatos muertos, hediondos y que solo buscaban mi cuello para destrozarlo a mordidas o con sus garras, al menos acá donde estoy ahora, puedo dormir tranquilo.
FIN
Por
Barnabas
alfayaram666@yahoo.es
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