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NATURALEZA, ALCANCE Y PERDURABILIDAD DEL GÓTICO
Por
Lucía Solaz Frasquet
Cada nuevo
resurgimiento del gótico refleja un momento de
irracionalismo y pesimismo. El alejamiento del gótico
de los valores culturales dominantes de cada era
conlleva una obsesión por la transgresión. Los autores
góticos siempre retoman esta inmoralidad que desafía o
subvierte la autoridad, proporcionando así la
necesaria oscura antítesis del sistema de poder. Las
imágenes del poder han sido siempre primordiales para
el significado del simbolismo gótico: el poder de las
fuerzas naturales sobre el hombre, el poder del hombre
sobre la naturaleza, el poder del autócrata, de la
muchedumbre, del científico. La interdependencia de la
dominación y la sumisión es uno de los grandes temas
góticos. La imaginería gótica ha sido frecuentemente
empleada para ilustrar las relaciones de poder que han
preocupado a los filósofos. El principio universal de
orden (la necesidad de reglas y subordinados, la
interdependencia de superioridad e inferioridad) ha
descansado durante siglos en el paradigma aristotélico
de amo y esclavo. En el siglo XVIII, Rousseau
reformuló la tradicional antítesis de vicio/virtud en
una nueva oposición: el "yo" contra el "otro" o "no-yo"
en varios grados de dependencia y antagonismo. Ya en
el XIX Hegel propuso una nueva teoría de la relación
entre amo y esclavo. Según este filósofo, el tirano
obtiene a la fuerza el reconocimiento de su poder
mediante la amenaza hacia el esclavo, pero esta
dominación es sólo teórica y superficial. En la
práctica, el amo no puede reforzar su superioridad sin
arriesgar lo que más desea: el reconocimiento. Aunque
el amo se cree libre y en control, en realidad su
posición depende de los esclavos. Una vez los esclavos
son conscientes de esta dependencia, la relación de
poder se invierte.
Otro de sus temas, como hemos visto, es la decadencia.
Hemos comentado su fascinación por las ruinas
arquitectónicas, las abadías y los castillos
destartalados. Los partidarios del goticismo se han
solido centrar en la ruina que parecía más presente en
su época: la ruina moral, como en los malvados monjes
creados por Ann Radcliffe y Matthew Lewis; la ruina
corporal, como en las historias de Sade y los grabados
de Goya; la ruina emocional hereditaria, como en Poe o
Faulkner; la ruina sociopolítica representada por el
monstruo de Frankenstein o el vacío ético de Hyde...
El poder, la transgresión y la ruina excitan el miedo.
Las representaciones visuales y literarias de vampiros
proporcionaron otra línea de imaginación gótica que
culminó en 1897 con el conde Drácula de Bram Stoker,
quien connota toda clase de excesos transgresores. La
obsesión gótica por la decadencia y su tradición de
negatividad política se plasmaron al final del siglo
XX en una estética de la desfiguración. Su plasmación
artística, a veces torpe, a veces ingeniosa e
inteligente, desafía o condena el control social
racionalista el cual, aunque intenta restaurar una
armonía humanista ideal, refuerza de hecho un régimen
de trivial homogeneidad. Actualmente encontramos el
gótico en la preocupación por la mutilación fetichista
del cuerpo o la decoración transgresora de la
superficie corporal, lo que no es tan sólo la versión
contracultural de la cirugía estética. También muestra
un desacuerdo con los planes de Dios para la
humanidad. Expresa nuestro auto-rechazo y deseo de
muerte, declara que los actos adultos de
auto-reinvención son finalmente actos de libertad.
El gótico rechaza el sentido burgués de la identidad
humana como un asunto serio, estable, permanente y
continuo que requiere la reafirmación de un yo
verdadero y unido como prueba de salud y buena
ciudadanía. En lugar de esto, los góticos celebran la
identidad humana como una actuación improvisada,
discontinua y incesantemente reinventada. El héroe
gótico es como el lobo estepario descrito por Herman
Hesse: un ser solitario condenado a no poder escapar
de esa perpetua introspección en la que vive. Un ser
incomprendido confinado en alguna forma de neurastenia
que dificulta o anula su posibilidad de comunicarse
con los demás y con un mundo que no acepta y del que
se siente también rechazado.
Para los autores góticos el mundo es una mascarada. El
rostro, los vestidos, la voz, todo es fingido. Todo el
mundo quiere aparentar lo que no es. El dolor es
siempre infligido por un poder en cierta medida
superior, pues nunca nos sometemos a él de buen grado,
y la muerte representa la más elevada idea de dolor.
Según los góticos, el dolor es inseparable del poder y
nuestra actitud hacia nuestros superiores debería
incluir siempre un elemento de pavor. En consecuencia,
el renacimiento del gótico concibe que la paranoia
puede ser una respuesta sana. Según la intuición
gótica, uno tiene pocas oportunidades de cordura o
satisfacción fingiendo ser una parte integrada de la
humanidad. La felicidad y la supervivencia dependen de
individuos vulnerables y desesperadamente aislados que
despliegan tácticas evasivas.
Aunque algunos autores hacen referencia a las más
elevadas fuerzas éticas, ensalzan el dolor, el peligro
y los terribles objetos y fuentes de lo sublime, no
podemos dejar de reconocer que otros muchos productos
góticos resultan de dudosa calidad artística.
Funcionan como los culebrones televisivos,
proporcionando entretenimiento, sorpresas, emociones
fáciles e intensidad artificial mediante la
manipulación de personajes estereotipados en tramas
mecánicas. La teleserie Melrose Place, por poner un
ejemplo, ha sido calificado por Christoph Grunenberg
como "un serial gótico para la ciber-era."(3) Dos
características básicas del gótico son la teatralidad
y el exceso. El exceso del gótico es casi operístico,
su intensidad, su atmósfera y decoración son
decididamente teatrales. Dos de los más importantes
arquitectos del renacimiento del gótico, William Kent
en el siglo XVIII y Augustus Welby Pugin en el XIX,
trabajaron en la escenografía teatral y emplearon sus
técnicas para potenciar el efecto teatral de sus
construcciones. La exposición de 1997 de nuevo gótico
en el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston
recogía numerosas fotografías góticas, cuadros e
instalaciones de la última década, todos ellos
ejemplos hermosos, macabros e intelectualmente
excitantes que compartían un elemento común: la
teatralidad.
Davenport-Hines señala: "El gótico ha tenido siempre
la propensión a romper la frontera entre la vida y el
arte. Sus excesos emocionales eran imitados por
aquellos que sentían un vacío emocional interior"(4) y
afirma que las ficciones góticas siempre han afectado
el modo en que sus consumidores hablan, piensan y se
comportan en realidad. Davenport-Hines cita a Graham
Green en Mornings in the Dark: "La pantalla de nivel
cultural medio determina cada vez más cómo se debe
comportar la gente -incluso en el lecho de muerte."
Este mismo novelista nos proporciona un curioso
ejemplo escrito en 1937: "Recuerdo estar tumbado en la
cama hace unos cuantos años en una sala pública (de
hospital) escuchando con fascinado horror a una madre
llorando sobre su niño, que había muerto repentina e
inesperadamente tras una operación menor. No podrías
cuestionar el horroroso dolor, pero las palabras que
usaba... eran las mas baratas, las más improbables,
las más falsas... uno las ha escuchado en una docena
de pantallas británicas. Incluso el padre se sintió
avergonzado permaneciendo allí a su lado en la sala
abierta, evitando todas las miradas."(5)
Es por esto que el gótico resulta generalmente mucho
mejor cuando es atmosférico, contenido y alusivo en
lugar de tener un papel dominante.
Los autores góticos, o los millones de consumidores de
arte gótico, rara vez consideran la cordura o la calma
entre los logros estéticos más importantes. Gustan de
cuidadosas representaciones del extremismo, de
vicarias o estrictamente ritualizadas experiencias de
la terrorífica otredad. Esta preferencia conecta el
gótico con el sadomasoquismo. En el siglo XX se han
explotado largamente los significado eróticos del
gótico. Los siglos anteriores sabían que había actos
más permanentes, variables y provechosos que los actos
sexuales. A pesar del interés por las pasiones
desenfrenadas o extremas, el renacimiento del gótico
se centra en las relaciones de poder. Como en Los 120
días de Sodoma de Sade (o la versión cinematográfica
de Pasolini), los actos sexuales meramente muestran la
autoridad económica y política, el control de clases y
el estatus superior. Su motivo principal no es la
satisfacción erótica, sino la representación de los
roles de dominación/subordinación. El sadomasoquismo
es un hecho cultural surgido a finales del siglo XVIII
y su coincidencia con la aparición de la novela gótica
no es accidental. Como señala Davenport-Hines, no se
puede separar el gótico de un héroe o villano cruel,
de una víctima atemorizada, de una localización
espantosa y escondida de la vista pública donde el
drama se pueda desarrollar.
Si en los años cuarenta el gótico resurgió como
consecuencia de una cada vez mayor mecanización y
deshumanización del hábitat urbano, en la década de
1990 el gótico experimentó un intenso renacimiento
como reacción al clima moral circundante. Desde los
ochenta ha habido una influencia cada vez mayor de
grupos fundamentalistas que luchan por prohibir en los
museos, las galerías, la televisión, Internet, las
revistas, las letras de las canciones y en los vídeos
todo lo que perturbe la inflexible doctrina de una
familia nuclear, el sueño de una sociedad sin
violencia, la puritana repugnancia hacia el sexo y una
preocupación obsesiva por la limpieza física y mental.
Estos grupos temen la fragmentación de la experiencia
humana y sienten repugnancia hacia la realidad del
aislamiento humano. Sufren una intolerable perplejidad
cuando se ven frente a la diversidad de normas,
amores, miedos y juegos que otras personas escogen
para vivir. Para ellos, todo exceso es algo pervertido
que hay que extirpar. Su propósito cultural es
infantilizar, limpiar y controlar.
Así, según Davenport-Hines, este nuevo resurgimiento
gótico ha sido provocado por los controles sanitarios
de los fundamentalistas. El arte gótico siempre ha
dejado ver los miedos de un mundo donde hay un riesgo
constante y nada está protegido. Demuestra el truco de
convertir la angustia en placer. Emite un perdurable
mensaje sobre la existencia del pecado original cuando
incluso los cristianos practicantes son reacios a
mencionar esta doctrina de la innata debilidad humana.
El gótico provee a sus consumidores con gran variedad
de elecciones: desde el álbum de rap Gheeto Gothic
(1995) realizado por el cineasta Melvin Van Peebles a
las instalaciones de Dinos y Jake Chapman, desde el
gótico urbano de los films de Batman a las
innumerables páginas sobre el gótico en Internet.
Además del éxito de las novelas de Anne Rice, es
innegable la supremacía comercial de Stephen King,
sólo puesta a prueba por R.L. Stine, autor de novelas
de terror para adolescentes. Triunfan también dentro
del movimiento neo-gótico las novelas de Poppy Z.
Brite y de Joyce Carol Oates, así como la música de
The Cure, Alice Cooper, Robert Smith o Tom Waits.
Dentro de las series de televisión cabe destacar los
64 episodios de La familia Addams (The Addams Family,
1964-66), inspirada en las viñetas dibujas por Charles
Addams desde 1932 para The New Yorker y la más
perturbadora Twin Peaks (1990-92), serie de 29
episodios dirigidos por David Lynch, gran conocedor
del género. Aquí encontramos una combinación de
atmósfera claustrofóbica, maldad, doppelgängers,
sadomasoquismo, fetichismo y fatalidad familiar.
Para Davenport-Hines, la televisión ha sido el medio
más importante de infiltración gótica en forma de los
talk shows, con sus góticos malvados cuidadosamente
construidos y escenificados, cuyas transgresiones
sostienen un ciclo irrompible de expoliación y ruina.
En referencia al fenómeno protagonizado por Oprah
Winfrey, dice: "Estos anfitriones de los talk shows
son dioses volubles cuya religión es sustentada por
rituales de melodramas, sobresimplificación y falsas
ilusiones."(6) Este autor señala que, para los años
ochenta, los culebrones televisivos internacionales se
estaban convirtiendo en un sustituto de la familia y
los amigos precisamente porque sus personajes,
emociones y situaciones son mucho más fiables y
seguros que la realidad. Se han convertido en la
fuente principal de información médica y sexual para
millones de personas al tiempo que proporcionan
cuestionables modelos de vida hogareña. El gótico, sin
embargo, subvierte sus fórmulas y echa a perder su
fiabilidad, como ocurre en Twin Peaks.
Los consumidores del gótico prefieren que el arte y el
entretenimiento minen la moral, no que estabilicen o
consuelen. Como se pregunta Davenport-Hines,
¿significa esto, como los controladores de los valores
familiares reiteran lastimosamente, que la humanidad
se ha vuelto enferma y triste? ¿o que su infantilismo
y versión de lo que es la sanidad resultan
insuficientes para el espíritu humano? Ya no se puede
hablar de maldad, tan sólo de los derechos del hombre
en un discurso piadoso, débil. Se cree en una
atracción natural hacia el bien, se idealizan la
relaciones humanas, se minimiza la maldad, se previene
la violencia y se busca la seguridad ante todo. Los
góticos se revelan contra esta mentalidad y permanecen
en el límite de las cosas: toman el camino más
arriesgado. Como los satíricos, tratan de provocar
reacciones y rara vez respetan los ideales
progresistas. Sus grandes terrores literarios, desde
Matthew Lewis y Ann Radcliffe en la década de 1790, a
través del postnapoleónico Frankenstein de Mary
Shelley, hasta el clímax a finales de la época
victoriana con El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr.
Hyde de Stevenson y Drácula de Stoker, han probado ser
la influencia literaria más penetrante en la cultura
global y en el entretenimiento de masas en el siglo
XX.
Frederick S. Frank (7) remarca la naturaleza
internacional del movimiento gótico, que ve como una
tradición ininterrumpida que ha ido evolucionando
desde su aparición a mediados del siglo XVIII y que
continúa viva hoy en día. Según este autor, el gótico
se ha ido redefiniendo a sí mismo a través de su
evolución, pero también ha trascendido repetidamente
las limitaciones del género al permanecer como un modo
de percepción o forma de ver otro universo enterrado
bajo el racionalismo del siglo XVIII y el escepticismo
religioso del siglo XIX.
Enfatizando este carácter internacional, Frederick S.
Frank señala que cada país ha extrapolado sus propios
símbolos culturales, históricos y geográficos para
proyectar sus miedos internos. Al invocar el espíritu
del gótico alterando sus símbolos y aspectos externos
para reflejar los miedos, problemas e inestabilidades
morales de cada cultura particular, el gótico confirma
la elasticidad, eternidad y amplitud del género. Frank
concibe el gótico como "un movimiento literario
internacional y continuo, siempre vital, siempre
creciente, siempre cambiante, y sin embargo fiel a su
dinámica interna original." (8)
Estamos plenamente de acuerdo con esta visión del
gótico como un movimiento continuo e infinitamente
adaptable, noción también compartida por Stefan
Dziemianowicz. (9) Según este autor, el gótico del
pasado creó una visión que intentaba revelar los
aspectos más desapacibles del alma humana y este es un
impulso que está muy vivo en el arte contemporáneo. En
The New Gothic, Bradford Morrow y Patrick McGrath (10)
definen el alma del nuevo gótico como una "entropía
interior -una ruptura espiritual y emocional" y entre
los temas que manifiestan esta sensibilidad enumeran
el terror, la locura, la monstruosidad, la muerte, el
mal y la sexualidad extraña.
Desde 1950 se ha producido más narrativa de terror que
en cualquier otro intervalo comparable en los últimos
dos siglos y este autor apunta que, al mismo tiempo,
el terror se ha vuelto más escurridizo e indefinible.
Nos atrevemos a afirmar que este fenómeno se ha
repetido en todos los géneros contemporáneos, que se
niegan a permanecer dentro de los límites firmemente
establecidos para cada categoría. Para Dziemianowicz,
el terror gótico ha fusionado sus intereses con los de
la literatura dominante y aumentado su potencial para
absorber y sintetizar elementos de otros géneros
populares, además de transformar y adaptar sus
arquetipos para satisfacer el temperamento moderno.
Como consecuencia, el gótico se ha convertido en una
penetrante presencia en nuestra cultura que se puede
apreciar en elementos como la imaginería fílmica y del
mundo de la moda. De acuerdo con Dziemianowicz, el
terror "emergió en los años de posguerra como una
ficción vital que reflejaba las preocupaciones de su
época y se convirtió en parte de esa época." (11)
Como observa Wright (12), para cada era el gótico ha
expresado un tipo de descontento con la vida
contemporánea, un deseo por una realidad más amplia y
profunda. Una característica del gótico parece ser una
ansiedad sobre el futuro y una ligeramente perversa
nostalgia por un tiempo cuando la humanidad sabía
menos y soñaba más. El horror gótico es eterno.
Insiste en la realidad de misterios más antiguos y más
profundos que nosotros mismos.
NOTAS:
3. GRUNENBERG, Christoph (ed.): "Unsolved Mysteries:
Gothic Tales from Frankenstein to the Hair-Eating Doll"
en Gothic: Transmutations of Horror in
Late-Twentieth-Century Art. MIT Press, 1997, p. 210.
4. DAVENPORT-HINES, Richard: Op. cit., p. 341.
5. GREENE, Graham citado en DAVENPORT-HINES, Richard:
Op. cit., p. 342.
6. DAVENPORT-HINES, Richard: Op. cit., p. 376.
7. FRANK, Frederick S.: "The Early and Later Gothic
Traditions, 1762-1896" en BARRON, Neil (ed.): Fantasy
and Horror: a Critical and Historical Guide to
Literature, Illustration, Film, TV, Radio and the
Internet. The Scarecrow Press. Lanham, 1999, pp. 5-6.
8. Ibídem, p. 13.
9. DZIEMIANOWICZ, Stefan: "Contemporary Horror Fiction,
1950-1998" en BARRON, Neil (ed): Op. cit., p. 223.
10. MORROW, Bradford y McGRATH, Patrick: The New
Gothic. Random House. Nueva York, 1991, p. xiv.
11. DZIEMIANOWICZ, Stefan: Op. cit., p. 223.
12. WRIGHT, Bruce Lanier: Nightwalkers: Gothic Horror
Movies - The Modern Era. Taylor. Dallas, 1995, pp.
5-6.
Publicación
autorizada por Lucía Solaz Frasquet
luciasolaz@teleline.es
(fuente original
www.paisajegotico.com.ar)
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